Recibe las noticias en tu correo:

En ambiente adverso, Tenet intenta salvar la industria del cine

octubre 3, 2020

Juan Manuel Ramírez | @juanm_ramirez9

Son las 10 de la mañana del domingo 27 de septiembre. Tengo aproximadamente 40 minutos analizando mi decisión. Pienso cuidadosamente en todas las consecuencias, en cómo podría afectar esto a mi familia y, en mayor medida, a mí. Veo por última vez el celular. Respiro profundo. Lo haré. Ese día, después de más de seis meses, regresaré a una sala de cine. ¿La razón? Tenet. Cómo odio amarte Christopher Nolan.

 

Después de desayunar tranquilamente, les comunico a mi pareja y a mi hermano que había decidido ir a ver Tenet y les pregunté si querían ir conmigo; dejando en claro que no lo haríamos en cualquier cine. Nos trasladaríamos hasta la república hermana de Ciudad Satélite para “vivir” la experiencia IMAX. A Nolan le encantaría (si me conociera o supiera de mi existencia), la resolución a la que llegué. Todos estuvieron de acuerdo, mientras tomamos nuestras debidas (y obligatorias) medidas de seguridad. Se me ha olvidado mencionarles que la función es en menos de una hora.

 

Ahora sí, aclarado el horario, saben que debemos apresurarnos; o bueno, ellos, pues yo ya lo había hecho. Se dan un baño, eligen cuidadosamente la ropa, el calzado, la fragancia y hasta el peinado. Por lo menos mi novia, que comienza y culmina su ritual de belleza en tiempo récord. Mi consanguíneo decide usar un pants que tenía por ahí arrumbado, unos tenis que están casi nuevos (siempre está en crocs), la playera que trae ahora mismo es una que tiene hace años y la usa para todo.

 

La función es a las 11:40 de la mañana. Mi celular marca diez minutos después de las once. Enciendo el auto, lo saco de la casa, y espero a que salgan mis acompañantes. Lo hacen después de cinco minutos. Hago un paréntesis para explicar que desde mi residencia hasta la plaza comercial a donde iremos, toma 25 minutos de trayecto, con poco tránsito y una velocidad promedio.

 

No estoy orgulloso (tal vez un poco) de romper un récord personal en llegar al lugar antes mencionado. Mientras conducía por Periférico, la radio reproducía Sweet Dreams, fabricándome así, la sensación de ser el protagonista de Drive (Nicolas Winding Refn), mientras huía a máxima velocidad de la policía. A la par, en una divagación mía, recordaba aquellos correos que hizo llegar la cadena de exhibición más grande del país a sus miembros, alardeando de su nuevo protocolo de reapertura.

 

15 minutos me tomó arribar a una de las localidades más suntuosas (y presuntuosas) del tres veces feroz e inseguro Estado de México. Entramos al estacionamiento, con una inmediatez inaudita, encontramos donde dejar el automóvil. Apagué el coche. Casi de manera simultánea, suspiramos los tres. Era la hora de la verdad. Guardamos celulares, carteras y aquellos objetos que resultaran innecesarios tener en la mano. Bajamos del vehículo. Nos dirigimos a la entrada. Que nervios.

 

En las puertas automáticas que dan acceso a la plaza, había un delimitador de filas, haciendo evidente la entrada y la salida. Un guardia de seguridad nos comprobó la temperatura (en la frente, como debe de ser) con su termómetro, para luego solicitarnos que tomáramos gel antibacterial del dispensador automático. Así lo hicimos. Avanzamos hacia las escaleras eléctricas, guardando nuestra respectiva distancia. Mientras subíamos, me quedé perplejo ante el panorama.

 

Gente con el tapaboca mal colocado, otros ingiriendo bebidas y alimentos en su andar por la plaza, con la nula presencia del mismo, deambulando en dirección contraria a las señalizaciones en el suelo y muros. Así de estúpidas son algunas personas. Mientras tratábamos de ubicar donde estaba el cine (ese centro comercial me confunde muchísimo cada vez que voy), mi mente comenzó a dispersarse de nuevo.

 

¿Es Tenet realmente la cinta que salvaría a la industria? ¿Entonces Christopher Nolan era el Mesías de los complejos cinematográficos? ¿Qué esperar de, en sus propias palabras, su filme más ambicioso hasta la fecha? Y es que, sin lugar a dudas, es un cineasta que logra generar expectativas con el simple hecho de saber que está trabajando en un nuevo proyecto. Ya sea para sus fieles seguidores (presente) o sus más férreos detractores, el trabajo del director inglés siempre es tema de debate.

 

Cuando estoy de vuelta en mi realidad, nos encontramos de frente al cine. En la entrada, se encuentra el primer filtro de seguridad y sanitización, ejecutado por una empleada del complejo. Cuenta con su respectivo cubre boca, careta y guantes de látex. Nos da la bienvenida, toma la temperatura, posteriormente ofrece gel anti bacterial. Pasamos por un tapete sanitizante y nos dirigimos hacia las salas.

 

Nuestros boletos, adquiridos de forma digital a través de la aplicación, dictan que nuestro destino es la sala 2, en la fila M. Al llegar a la bifurcación que divide a los V.I.P.  de los simples (y humildes) mortales, nos encontramos con el módulo, que, además de verificar nuestras entradas, vuelve a realizar el protocolo previamente mencionado. Todo está perfecto. Con mucho entusiasmo, nos indica hacia dónde dirigirnos. Se despide con un “disfruten su función”. Eso espero.

 

Para mi sorpresa, no somos los únicos en el recinto. Otras 15 personas también decidieron entrar a la función. Aunque no sé si con los mismos dilemas que yo me plantee horas antes. Comenzamos a ubicar nuestros asientos. En el trecho del pasillo a las butacas, verificaba que cumplieran todos los requerimientos. El orden era el siguiente: dos espacios disponibles, dos clausurados con cinta delimitadora. La fila delantera estaba clausurada en su totalidad. El aire acondicionado funcionaba en lapsos de 15 minutos para refrescar la sala.

 

Nos acomodamos en nuestros lugares. Durante toda la función permanecimos con el cubre boca. No compramos alimentos, ni bebidas. No teníamos la suficiente confianza. Y no es por los trabajadores, confío plenamente en su higiene. Pero no así con las personas que acuden. Una vez que inició la cinta, me fui tranquilizando. Recordé cuánto me gusta ver una película en IMAX. Y no hay mejor opción que hacerlo con Tenet.

 

Todo transcurrió sin ningún incidente. O bueno, casi todo. Las reglas dictaban que una vez terminada la función, debíamos esperar las instrucciones del personal para poder abandonar el aposento. En teoría es lo más sencillo del mundo. En la práctica, no lo fue. Apenas apareció el primer crédito en pantalla, la mayoría de las personas comenzaron a levantarse y encaminarse a la salida. Un empleado los detuvo y les explicó cómo debía hacerse el proceso. Todos lo seguimos al pie de la letra.

 

Una vez fuera del cine, me sorprendí con lo que estaba aconteciendo. Demasiadas personas en las tiendas departamentales, en los aparadores de los establecimientos de ropa, en los restaurantes, en las áreas comunes, hasta en las escaleras eléctricas. Parecía un domingo cualquiera, sin una pandemia desarrollándose, sin miles de infectados en los hospitales. Eso sí, todos con el tapaboca “puesto”. Ya podrán imaginárselo. Salimos lo más rápido que pudimos de la plaza.

 

Pagamos el boleto de estacionamiento y emprendimos el camino de regreso a casa. El único lugar donde nos sentimos seguros.

Sigue a Filmeweb en Facebook y Twitter.

Relacionados

la tiera sana

acting lab horizontal

Lomitos Al Rescte 2

rojo33C