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Yo fui el primer Charolastra del cine mexicano, Héctor Bonilla

mayo 3, 2020

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

Con una de las trayectorias más completas del ambiente artístico, desarrolladas tanto en cine, teatro y televisión, lo mismo como actor, productor y director, Héctor Bonilla tuvo en el setenta la posibilidad de afianzarse en cada uno de estos rubros, caracterizándose por formar parte de proyectos que dieron de qué hablar en su momento, debido a sus propuestas.

 

Esta década es un lapso en el que hice mucho cine. Tuve desde mis limitaciones hasta el privilegio de que me maquillara Ana María Guerrero, la maquillista de María Félix.

 

A ciencia cierta desconozco qué es lo que haya marcado a esta etapa dentro del cine, pero sí puedo decir que estaba cayéndose a pedazos por este choque de dos aguas; entre la decadencia de las ficheras por un lado, y Luis Echeverría tratando de hacer cine de autor con cineastas que estaban buscando una forma  de expresión. Todo era una enorme confusión.

 

Sin embargo, me cabe la enorme satisfacción de haber estado en la primera película independiente que se filmó en el país: ‘El cambio’, de Alfredo Joskowicz (México, 1971)”.

 

Tomando en cuenta su estatus como cinta independiente, ¿A qué retos se enfrentaron para llevar a cabo su filmación?

A los de cualquier obra independiente en cualquier ámbito. La hicimos con un staff de dos personas; a veces Ofelia Medina sostenía el espejo, a veces yo.

 

Los protagonistas éramos Sergio Jiménez, Sofía Joskowicz (hermana de Alfredo), Ofelia Medina, Héctor Andremar y yo, entre otros.

 

La realización de cine independiente pudo haber sido algo muy importante. Pero lo que pasó fue que los cineastas querían involucrarse en un sistema muy hermético. Lo de Paul Leduc fue muy siniestro. Hacer su ópera prima ‘Reed, México insurgente’ (México, 1973), fue un impacto enorme; y para colmo se volvió un fracaso porque, a eso que ya estaba filmado, le sumaron gastos inútiles que le generaron una deuda enorme. Además, fue una película que no gustó.

 

Hubo el intento de hacer un cine novedoso. De pronto convocaron a Alfredo Gurrola, a Juan Guerrero, gente que trataba de hacer un cine diferente. Estuvo también Juan Ibáñez, que venía del éxito teatral e hizo ‘Divinas palabras’ (México, 1978), una película muy fallida”.

 

Héctor Bonilla recordó que en ese entonces rodó una cinta que no prometía ni prometió nada al cine de esa década. Sin embargo, 32 años más adelante su argumento fue retomado, convirtiéndose en el éxito fílmico de 2002.

 

Hice una película que se llama ‘Narda o el verano’ (México, 1970; Juan Guerrero), basada en un cuento de Salvador Elizondo, que es idéntica a ‘Y tu mamá también’ (México, 2001; Alfonso Cuarón). Es el mismo argumento, nada más que el éxito monumental que tuvo la de Cuarón fue gracias a que se hizo con una mirada más abierta.

 

Nosotros la hicimos con la gazmoñería de la época encima. Pero es la misma historia: dos amigos que no se atreven a reconocer una relación homosexual y la consuman a través de una mujer. Es exactamente lo mismo. La dirigió Juan Guerrero, fotografiaba Gabriel Figueroa y éramos Enrique Álvarez Félix, Amadee Chabot y yo”.

 

Se hizo en 1968 y me salvó la vida, pues el 2 de octubre, en lugar de estar en Tlatelolco, me encontraba en Acapulco filmándola. Se estrenó en 1970”.

 

YO NO HE TENIDO SUERTE EN EL CINE

A la par de su paso como actor en la gran pantalla, Bonilla incursionó además como guionista, haciendo equipo nuevamente con Alfredo Joskowicz para crear Meridiano 100 (México, 1976), proyecto que, recordó, resultó fallido por muchas circunstancias.

 

Junto con Alfredo Joskowicz quería buscar el camino de la independencia fílmica. Entonces empezamos a planear una segunda película. Escribimos el guión, pero tuvimos un distanciamiento porque tocamos un tema muy delicado. Era una película que sostenía que la guerrilla foquista, (una teoría revolucionaria inspirada por el Che Guevara) no funcionaba, y tratábamos de dejar en claro que la que funcionaba era la de Vietnam.

 

La película era sobre es un grupo de guerrilleros que se meten a la sierra en la desorientación total, en el aislamiento y que acaban matándolos a todos. Pero Alfredo, que es un intelectual, votaba mucho por trabajar de forma directa con el cuento francés que derivó la película, y yo insistía en que fuera más político. Vale más ser obvio que confuso con un tema tan delicado.

 

Esto dio como resultado que fuera una película fallida. Quedó perdida”.

 

En esa década también se da el encuentro con uno de los directores más polémicos y exitosos del cine mexicano: Jaime Humberto Hermosillo, con quien realiza tres títulos de gran impacto. Matinée (México, 1977), El cumpleaños del perro (México, 1975) y María de mi corazón (México, 1979).

Humberto es un hombre muy talentoso. ‘El cumpleaños del perro’ es una película que apuntaba el destino de Jaime Humberto, que era el hacer un cine muy homosexual. Sin embargo, para mí esta cinta se quedó en el tintero. Es una incipiente película homosexual, porque no es claro su mensaje.

 

Ocurrió lo mismo con ‘Matinée’, un poco ambigua; no se nota que los personajes de Manuel Ojeda y el mío éramos pareja, como que medio se sugieren cosas.

 

No obstante, ‘María de mi corazón’ es una película redonda. Se dice que es un guión de Gabriel García Márquez, pero no es cierto, sino de Jaime Humberto con colaboración de María Rojo y mía. La idea sí es de Gabriel. Es una de las cintas más afortunadas que me ha tocado hacer. Yo no he tenido suerte en el cine, y considero que es de lo mejor que me tocó hacer”.

 

Previo a su trabajo fílmico en el setenta, figura Pax? (México, 1968; Wolf Rilla), con Ofelia Medina.

Fíjate que la película no se estrenó, a pesar de haber sido la más cara de la historia del cine mexicano, hasta entonces. La produjo la Presidencia de la República pero la prohibió.

 

Resulta que debido a la realización de los Juegos Olímpicos de 1968, Gustavo Díaz Ordaz trataba  de demostrar con una película que México era un país de paz, y encarga un guión sobre un libro escrito por Santiago Genovés, dando como resultado un guión surrealista.

 

Como en todo lo que se vuelve oficial, hay billete y había mucha exageración en la filmación. Por ejemplo, había una escena donde se veía San Juan de Letrán, (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas), plagado de gente. Había telefotos hasta la madre.

 

Cuando se preguntaron quién iba a dirigir, alguien de la burocracia mencionó a Wolf Rilla, un director alemán que había hecho una película de éxito llamadaEl pueblo de los malditos’ (Reino Unido, 1960), y lo contratan.

 

Al hijo de puta le traían agua desde Inglaterra, porque no podía beber agua de aquí, y tampoco se sentaba con nosotros. Incluso, este señor pidió que una pobre mujer embarazada de verdad diera a luz para poder filmar el nacimiento del niño. Ahí tienes a todos los del staff viendo el alumbramiento. Lo único que le faltó era pedir una segunda toma y que a la señora le sambutieran de nuevo al niño.

 

El fotógrafo era Gabriel Figueroa, quien trataba de convencer a este señor, quien era inamovible y me imagino que también bien pagado, pero nada dio resultado. Este tipo filmó cerca de cuatro horas de película y eran imposibles de editar. Y para hacer este proceso había algunas tomas que se tendrían que volver a filmar.

 

Yo la vi hace muchos años, pero como cortometraje, y aun así era larga y reiterativa. Rilla tuvo varios foros de los Churubusco a su disposición. En uno construyeron cohetes lunares de tamaño natural y también alquilaron a unos gordos y los raparon como si fueran Buda; también llamaron como a 100 niños para que gatearan para una toma sin chiste.

 

Hubo una escena que se hizo en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde incluso se usaron tanques del ejército mucho antes de que ocurriera lo del 2 de octubre”.

 

Hablando del 2 de octubre de 1968, ¿cómo afectó el movimiento al a industria cinematográfica? Como joven en esa época, ¿qué es lo que quería que el cine reflejara?

Evidentemente todo lo que ha sido mi carrera. Yo no seré como Lucy Gallardo que un día me dijo: ‘mira querido, quien no es comunista a los 18 años es un pendejo, y quien es comunista a los 40 es un pendejo’. Yo nunca lo fui.

 

Creo en la justa distribución de la riqueza, en la justicia social, probablemente llegaría a un socialismo elaborado. Básicamente soy un liberal en un país partido en liberales y conservadores desde la Colonia, pero pienso exactamente igual que cuando tenía 18 años, y tan es así que en 1990 filmé el movimiento del 68.

 

Esta película de ‘El cambio’, de Alfredo Joskowicz, es ambiciosa en ese sentido. Evidentemente yo no creo que ni todo el cine y ni todo el teatro deba ser panfletario, pero sí es indispensable que exista el cine y el teatro político”.

 

¿Cuál fue la opinión que tuvo ante la llegada de Margarita López Portillo a RTC?

Fue un patético accidente de la vanidad incensurable de José López Portillo y de nepotismo puro al meter a su parentela donde podía.

 

Hay una anécdota sobre la primera vez que Margarita llegó a su oficina en RTC: cuando vio todos los monitores donde se checaban los programas, pidió quitarlos porque ella no veía televisión. No sabía que servían para que cumpliera con sus funciones”.

 

¿Qué tanto ha influido la década del setenta en su trabajo como actor y creativo?

Insisto que en el cine no he tenido suerte, pero puedo decir sin miramientos que lo mejor de todas las películas en las que participé eran los guiones.

 

No he tenido suerte. La gente que tiene paciencia para el cine se espera, pero yo tengo agendados mis años, mantengo a mucha gente. Si me dicen que diciembre, enero y febrero van a filmar conmigo, los aparto. Pero el cine mexicano siempre se retrasa y no tres meses, sino años; y cuando me llaman de nuevo ya no puedo porque estoy haciendo otras cosas. En muchas películas me ha pasado.

 

Aparte yo no pertenezco a ningún grupo. Me da mucho gusto que amigos como Damián Alcázar tengan una proyección internacional de ese tamaño; parece que a Damián se le van abrir puertas muy importantes.

 

Hay gente que como actores y cineastas le han ido muy bien, pero yo nunca he podido desarrollar una carrera cinematográfica. Incluso como director tengo muchas ganas de hacer cosas”.

 

¿Pero lo que ha hecho en el cine ha sido satisfactorio para usted?

Definitivamente no. No he tenido la opción en el cine de algo que me sienta orgulloso. Pienso que ‘María de mi corazón’ es mi película más lograda, pero no tengo una que me sorprenda.

 

Tengo una que es fundamental para mí, pero que va mucho más allá de mi trabajo: ‘Rojo amanecer’ (México, 1990; Jorge Fons), porque yo la inventé. Es decir, el guión que escribió Javier Robles no se podía filmar por muchas cuestiones en esos tiempos, y yo fui el único pinche loco que se metió en esa aventura. Pero esas son cosas extras de trabajo”.

Fotografía: Esaú Ponce

El presente texto forma parte del libro Cine Mexicano del 70: La Década Prodigiosa; de Fabián de la Cruz Polanco. 2015; México. SamSara Editores.

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