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Yo digo la verdad incluso cuando actúo, dijo José María Yazpik

enero 11, 2020

Benjamín Acosta

Con Polvo, su primera película como director, el también actor José María Yazpik asumió un reto distinto pero en sintonía con el mismo objetivo profesional con el que ha perfilado su trayectoria: “le digo a la gente la verdad, incluso cuando actúo”.

 

José María Yazpik comenzó su carrera en el ámbito de las telenovelas para después moverse hacia el teatro y el cine. Eventualmente consiguió trabajar en películas en las que compartió créditos con Charlize Theron y Drew Barrymore, así como en otras realizadas por maestros como Pedro Almodóvar. Todo ello integra la escuela que lo ha formado hasta llegar al punto de debutar como realizador con Polvo, singular historia con toques de western que de paso lo llevó a reencontrarse con sus días de infancia y cuyo proyecto logró tener listo después de casi cuatro años de concentrarse en el desarrollo del guión.

 

Su misión es dirigirse a la gente con sinceridad, así lo tiene muy claro cada vez que plasma un hecho en la pantalla. De esta manera consigue atrapar la atención del público porque, como él mismo lo afirma: “puedes decir la verdad incluso si estás actuando”.

 

Dirigir por vez primera debe ser todo un experimento

Me decían que no me preocupara, simplemente que la hiciera mía. Y es que al final está más padre que salga algo orgánico a copiar un estilo. El chiste, después de todo, está en encontrar tu propia voz. En todo esto fue clave el hecho de estar rodeado por aliados fundamentales con quienes puedes comunicarte con toda claridad y eso es básico. Al principio, cuando tenía muchas dudas, lo platicaba con las personas del equipo. Todo el tiempo me decían: ‘haz tuya la película, que sea tu voz, sigue tu instinto y las cosas van a funcionar’. Descubrí que mientras sea orgánico y sincero tu trabajo, sin pretensiones, continúas hasta obtener el resultado”.

 

Decidiste filmar en San Ignacio, Baja California, donde nació tu padre y donde pasaste los veranos de tu niñez

Esa idea surgió platicando con mi hermano mientras desarrollábamos la base para la historia. En un principio esto no les gustó a los productores, porque se trata de un lugar que se encuentra a once horas de cualquier aeropuerto. Me sugirieron hacerlo en un sitio mejor comunicado. En realidad la mitad del presupuesto se nos fue en llevar a toda la gente allá y por la misma razón se convirtió en una filmación bastante complicada.

 

Al estar tan aislados teníamos miedo de que fuera a descomponerse alguna cámara y el rodaje podría parar hasta cinco días. Defendimos esta idea porque necesitábamos usar la tienda de mi abuelo y la casa de mi tío entre otros lugares.

 

Sentí la necesidad de regresar a ese pueblo para hacerle un homenaje, retratarlo para que mis hijas tengan la referencia de un lugar que tiene una carga emocional muy fuerte para mí. Lo que se ve en la película es auténtico: los muebles son los que usaron mis abuelos, así como el teléfono, las tazas, los platos, los manteles.

 

Esa casa se mantuvo cerrada durante treinta años y se abrió para hacer la película. La nostalgia implícita en la historia contiene estos elementos con los cuales recuperamos un poco de nuestra infancia”.

 

Se hace evidente el aislamiento del pueblo que funciona como microcosmos donde se desatan diferentes aspectos de la naturaleza humana

Era importante hacerlo realmente en un pueblo apartado y no solo eso, sino llevarlo un paso más allá, contextualizar la historia en 1982. Cuando íbamos en esos años así era: no había televisión ni radio, no había nada. Y en esas condiciones, mostrar cómo se va corrompiendo una sociedad que no está preparada para tener un poco de dinero y un poco de poder.

 

No es una película sobre narcotraficantes, sino que solo toma un hecho relacionado con ello para colocar a los habitantes en una situación inédita que los lleva a comportarse de tal manera que tienen que vivir las consecuencias de sus decisiones como parte de un evento atípico”.

 

El desafío de una película así es poder plasmarla de tal forma que sea verosímil

Esa fue una de las dos cosas que más me preocupaban. Hacerla creíble mientras sacas al espectador de hoy, cuando la información es inmediata, para trasladarlo hacia el mood de un lugar y tiempo donde el acceso a la información no tiene la inmediatez como ahora la experimentamos.

 

La otra cosa fue el reto que implica entonar a toda la gente para que no se disparara la forma de hablar, que lo hicieran con el acento específico, que sonaran parejos y auténticos.

 

Eso fue una chinga porque nunca tuvimos la posibilidad de escucharlos juntos, sino que ensayamos de forma individual y a distancia porque cada uno estaba en un lugar distinto. El acento en esa parte del país es muy particular y eso implicó una labor que no fue tan sencilla.

 

No quería que sucediera lo que ha ocurrido en películas en las que supuestamente son norteños los personajes pero que en realidad no hablan como tal”.

 

¿Cómo te preparaste realmente para dirigir?

No hubo en realidad una preparación específica. Empecé a preparar el trabajo como cualquier director mientras estaba consciente acerca de cuáles habían sido mis experiencias positivas con distintos directores. Y, por supuesto, también las negativas para tener claro lo que no quería.

 

Me basé en esas oportunidades que he tenido al estar bajo las órdenes de directores tan distintos entre sí por su propia personalidad como por su estilo de trabajo. Tantos años como actor en el set y sobre el escenario, vas aprendiendo cómo se hace.

 

En cuanto a lo técnico tenía idea por lo mismo, pero también le dije a mi crew que, si me veían cagándola en alguna cosa técnica, me lo hicieran saber. Por eso me hice rodear de gente muy talentosa en quienes además confío plenamente.

 

De pronto me aconsejaban sobre algo de lo cual no tenía idea y cada recomendación resultaba bastante útil, porque funcionaron como guía sobre la marcha, estando consciente de cada detalle conforme pasaban los días.

 

Con base en el storyboard la hicimos, me preparé lo más que pude, hice toda la tarea antes del primer día de rodaje para minimizar la duda y los accidentes”.

 

Entonces planteaste una comunicación sincera con tu equipo de trabajo

Si te la das de sabelotodo estás perdido. Justamente es una de las cosas que he aprendido con algunos directores que de repente los veía dudar y lo notas en automático cuando no sabe lo que quiere decir y empiezan a cubrir por todos lados, generando una nebulosa, algo muy extraño que nada más desgasta.

 

Cuando todos sabían que se trataba de mi ópera prima elegimos a ese grupo de trabajo que podía apoyarme, sabían en qué condición me encontraba y fueron una maravilla porque respetaban mi visión. Entonces se dio una maravillosa combinación de respeto y confianza en ambos sentidos”.

 

¿Hablar de forma tan directa lo has aplicado como actor para aportar con esa sinceridad?

Absolutamente, eso es lo bonito de esto, la comunión en la dinámica del trabajo en equipo. Cuando el director te pregunta qué opinas para mejorar algo desde tu perspectiva, entonces aportas con tus recursos para conseguir el mejor de los resultados.

 

Así me gusta trabajar y esta vez los actores tenían la libertad de improvisar dentro de lo que quería lograr de manera puntual como director con cada escena. La verdad es que todo fluyó de manera increíble, al grado que terminamos tres días antes de lo planeado. Todo fue una gran experiencia”.

 

Ser directo al hablar con la verdad, ¿Te ha causado problemas también?

Muchas veces (risas), porque mi filtro es bastante delgado. Luego me apasiono o suelto las cosas que pienso como van y eso me ha metido en un par de problemillas, pero también la gente sabe que soy así. Claro que tampoco voy por la vida queriendo que me tomen muy en serio. La he cagado en determinadas ocasiones. Algunas personas me respetan por eso mientras que a otras les cago, pero así es esto”.

 

¿Qué es lo que ahora verdaderamente consideras que fue lo más difícil al dirigir?

El cansancio mental porque estábamos en un lugar donde a las 10 de la mañana estás a 40 grados, el rollo climático te madrea. Y estar cada día durante seis semanas concentrado en cada cosa que tenía que hacer. De repente era eso: levantarme un día más y saber todo lo que tenía que resolver a pleno sol con alacranes, víboras y estar ahí todo el tiempo, sin pausa, resolviendo dudas, teniendo una respuesta para todo.

 

Aparte tenía que estar concentrado en mi personaje, pero no podía concentrarme solo en ello cuando estaba el 90 por ciento del tiempo enfocado en todo lo demás. Si bien fue doble concentración en ese sentido a la vez estaba muy motivado y contento de lo que estaba haciendo, con el apoyo de todos a mi alrededor y fue por eso que lo logramos”.

 

¿Te quedaron ganas de volver a hacerlo?

Sí, totalmente. Me gusta la sensación de tener el control en esta clase de situaciones. Poder escoger las escenas donde el actor hizo lo mejor aunque el cuadro no haya sido el más bonito. Lo que hicimos fue priorizar la actuación sobre el aspecto técnico, sin importar, por ejemplo, un leve fuera de foco o un jalón de cámara.

 

Tomamos esa clase de decisiones ahora, no quise poner por encima el look sobre las palabras. Prefiero que la escena funcione actoralmente que en el sentido técnico. Eso lo considero más verdadero, real, sincero. Durante la edición tuvimos muy claro cuáles serían las tomas elegidas para conseguir el mayor de los realismos. No buscamos ni pretendimos la perfección a nivel técnico, sino el valor de la expresión humana con respecto a la actuación”.

 

De esta experiencia, ¿Cuál consideras un aprendizaje inesperado?

Todo fue una vivencia de escuela, pero creo que lo más importante, meló quedo para mi vida personal. En el génesis de todo esto veía a Polvo como algo gigantesco y me angustiaba cabrón. Entonces opté por ir paso a paso, traté de no pensar en la película como una unidad, como ese proyecto enorme para mí, sino concentrarme en resolver solo el problema que tenía enfrente en ese momento, poco a poco: armar el equipo, escribir escena por escena y así me di cuenta que esos pasitos destruyen al monstruo que tienes enfrente.

 

Al mismo tiempo que haces la tarea, va disminuyendo la angustia y el miedo. Empecé a relajarme, a disfrutar más. En el proceso respiras, lo disfrutas y haces que las cosas sucedan sin más pretensiones y, claro, habrá homeruns y strikes inevitablemente.

 

A partir de esta película aprendí que lo mejor es afrontar a la vida tal cual, resolviendo una cosa a la vez. Noté que no tiene sentido angustiarte cuando se presentan por vez primera las cosas que parecen demasiado complicadas. La relajación y el trabajo te permiten domar la bestia”.

Fuente: redbull.com

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