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Se hizo un cine que tenía que ver con la problemática, dijo María Rojo

febrero 9, 2020

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

Desde el momento en que apareció en la gran pantalla, además de dejar ver su talento y fuerza histriónica, María Rojo se convirtió en el oscuro objeto del deseo de millones de mexicanos y de los espectadores que apreciaron sus trabajos en el extranjero, al acudir a los festivales fílmicos en los que se exhibían sus películas.

 

En días pasados, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) informó que la actriz María Rojo será distinguida con el Ariel de Oro en la próxima entrega de este galardón, el cual servirá para rendir homenaje a su amplia trayectoria y a su aportación al cine mexicano.

 

El encuentro con la actriz y también senadora, cuya charla se incluyó en el libro Cine Mexicano del 70: La Década Prodigiosa (SamSara Editores) se llevó a cabo en la que fuera su oficina en la Asociación Nacional de Actores (ANDA), donde fue cabeza de la Secretaría de Previsión Social, por lo que nuestra cita no debía ser tardada.

 

Aunque inició su carrera siendo una niña en 1955, en el programa Teatro Fantástico con Enrique Alonso Cachirulo, fue hasta la llegada de la ‘década prodigiosa’ que María Rojo consagró su carrera como actriz, formando parte de proyectos atrevidos que, en ocasiones, no dejaban nada a la imaginación. Incluso se convirtió en amuleto para cineastas arriesgados, entre ellos Jaime Humberto Hermosillo, quien la incluyó en diversos filmes.

 

Lo que pasó en el cine del setenta fue que entraron directores nuevos, con una propuesta social diferente al cine clásico, del llamado Cine de Oro. Había propuestas que sí tenían que ver con la problemática, dirigidas por Felipe Cazals, Paul Leduc, Alberto Bojórquez, Arturo Ripstein y Jorge Fons. Todos ellos empezaron a hacer un tipo de cine más fiel a la realidad, porque ya no se tratan de la típica comedia ranchera.

 

Este cine empieza con ‘El apando’ (México, 1976) y ‘Las Poquianchis’ (México, 1976) de Cazals; con la crítica a la clase media que hizo Jaime Humberto Hermosillo; el cine social de Paul Leduc; el cine muy importante de Alberto Bojórquez; el cine de Arturo Ripstein que rompe todos los cánones de lo que se había hecho hasta entonces. Más que la actividad técnica esas propuestas requerían una actriz.

 

Recuerdo que un día me fueron a buscar para hacer ‘El apando’, y en la película aparezco con los mismos estudiantes con los que iba al teatro, pues en ese entonces estaba en una obra. Estos nuevos directores llegaron a la conclusión de que, más que imagen de chicas preciosas en la pantalla, querían actrices, lo cual no quiere decir que no las hubiera. Era un cine de ‘cara lavada’. Por ejemplo, hay una gran diferencia entre el tema de la prostitución abordado en ‘Santa’ (México, 1932; Antonio Moreno) y el que planteó Felipe Cazals.

 

Digamos que así empiezan los cimientos de un cine muy gráfico, pero con muchos premios internacionales”.

 

¿Cómo se da el primer encuentro con Jaime Humberto Hermosillo?

Luego de ‘Las Poquianchis’, que por cierto, me dio un segundo aire, hice ‘Naufragio’ (México, 1978), con una actriz extraordinaria que es Ana Ofelia Murguía. Jaime Humberto me habló y me dijo que me había visto; él acababa de estrenar ‘La verdadera vocación de Magdalena’ (México, 1972) y ‘La pasión según Berenice’ (México, 1976). La primera película que hice con él fue ‘El cumpleaños del perro’ (México, 1975); también está ‘María de mi corazón’ (México, 1979), y desde entonces llevamos unas trece o catorce películas”.

 

Tengo entendido que María de mi corazón fue escrita ex profeso para usted.

Así es. Nada más que esa película se hizo fuera de los sindicatos, porque tuvimos una lucha y entonces no se pasó mucho en México, pero fue reconocida en muchos festivales internacionales de cine”.

 

ERA UNA VERGÜENZA TRABAJAR EN EL CINE NACIONAL

¿Cuáles eran las necesidades principales de la comunidad artística y la crítica para seguir haciendo cine?

En ese entonces era una vergüenza trabajar en el cine nacional, porque veníamos del ‘cine de ficheras’, del que no estoy en contra, pero creo que hay buenas y malas producciones; el género no es lo que determina la calidad de la película. El caso es que ese cine estaba muy desprestigiado, y a la clase media no le gustó nada que se sacaran los trapitos al sol de lo que pasaba en las calles.

El cine es patrimonio cultural de los mexicanos y en cierta forma tiene que reflejar lo que sucede en el país”.

 

¿Qué es lo que se conserva del cine del setenta en el cine actual?

Yo creo que sin esa raíz, sin ese cambio de cultivo, sería muy difícil estar gozando de las mieles del éxito con grandes actores, grandes directores, grandes guionistas, grandes fotógrafos, grandes escritores de cine. Todo esto es el resultado del rompimiento que tuvieron los jóvenes de entonces, como Jorge Fons, que son los maestros de la cinematografía mexicana”.

Entrevista y sesión fotográfica realizadas el 7 de noviembre de 2011

Fotografía: Esaú Ponce Arriaga

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