Placeres culpables: Ahora que el destino nos alcanzó

mayo 15, 2020

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

Aunque hoy en día y por increíble que parezca, mucha gente sigue sin darle al nuevo virus del COVID-19 la importancia que merece, llegando incluso a asegurar que no es una enfermedad grave y que, incluso, se cura tomando té de canela, como lo han referido algunos diputados por increíble que parezca; la realidad es que estamos ante una amenaza tremenda que a diario pondrá nuestra existencia en riesgo.

 

Y para muestra basta recordar que, desde mediados del mes de marzo, todo el país entró en cuarentena, al igual que el resto del mundo, la cual en México continúa y seguirá por lo que resta del mes en algunas industrias y se irá concluyendo de acuerdo a un semáforo de medidas para el control del contagio del COVID-19.

 

No obstante, hay que dejar en claro que este regreso a las actividades no es una vuelta a la normalidad que conocíamos antaño, y que la economía no se va a reabrir como estábamos acostumbrados antes de la pandemia y muchas de las actividades que se realizaban de manera presencial, a partir de ahora se realizarán a distancia.

 

Y es aquí donde se abre la duda sobre lo que sucederá en la industria del entretenimiento, en especial en lo relacionado con los espectáculos en vivo, como conciertos y obras de teatro; además de las exhibiciones cinematográficas y la realización de eventos masivos, como festivales, muestras, funciones de estrenos, homenajes y develaciones de placas.

 

Porque, aunque muchos crean que el COVID-19 concluirá su temporada el próximo 31 de mayo, la realidad es que el regreso a las actividades no significa que la pandemia haya llegado a su fin, sino todo lo contrario. El Coronavirus seguirá cobrando vidas y contagiando gente hasta el momento en que se descubra una vacuna para controlarla, como sucedió con la influenza y décadas atrás con enfermedades como el sarampión (que ya regresó), la viruela y la poliomielitis.

 

Pero volviendo al punto; la realidad dentro del mundo del entretenimiento, considerando que habrá mucha gente con conciencia es que, aunque los espacios para llevar a cabo espectáculos masivos se encuentran ubicados dentro del color amarillo del semáforo, muchas personas no querrán arriesgarse y jugarse la vida por ir a escuchar a su cantante o grupo favorito, o por ver la película anhelada.

 

Y es que, aunque se supone se deberán de seguir las ‘nuevas reglas de normalidad’, como desinfectar espacios públicos y mantener la llamada ‘sana distancia’, que hasta el momento nadie sigue al máximo; al respecto no faltará quien llegue al cine o al auditorio sin cubre bocas o trayéndolo mal puesto, con la nariz de fuera; estornudando, moqueando y demás gracias, además de ponerse a corear y gritar cuando salgan los cantantes al escenario, sin importarles el escupitajo.

 

Sin hacer a un lado las ‘amiguiregla’ de saludar de beso y abrazo a todo mundo, los conozcamos o no, pero unidos por el hecho de ser fan de la estrella convocada o seguidor de determinada película.

 

De acuerdo a la propuesta de Plan de reapertura en CDMX, los espacios destinados al entretenimiento podrán reiniciar actividades a partir del 15 de junio. Pero repito, ¿habrá alguien que desee acudir a estos espacios cerrados y/o abiertos? ¿Y cómo se marcarán los cambios?

 

Omar Escobar, un nuevo amigo que hice hace unos días, que radica en Amsterdam, en los Países bajos, me comentó que en esa región y en Europa están llevando a cabo pruebas para poder reactivar de alguna manera esta industria, de la que viven miles de personas en el mundo, incluyendo a quien esto firma en México; enviándome una fotografía de una de ellas, provocándome un intenso escalofrío, dejando en claro que los días de cine y teatro habituales, quedaron en el olvido.

 

En la gráfica se observa que las butacas podrían contar con una placa de vidrio o acrílico en una butaca vacía y en el siguiente asiento iría el espectador. Después de él otra butaca vacía, con otra placa más de vidrio o acrílico para encapsular al espectador; dejando con ello de fuera la idea de ir junto con la pareja o familia a pasar un rato de diversión a este tipo de eventos; y con la sana distancia de por medio, descartar la idea de comentar el evento en el intermedio, además de comprar palomitas o una bebida, pues al parecer también esto se descartará por completo.

 

¿Se tomarán esas medidas a nivel mundial y México las adoptará? Eso es algo que, hasta el momento, no se sabe.

 

De esta manera, se estaría sacrificando el 60 o 70 por ciento de la capacidad de las salas, poniendo en riesgo la accesibilidad de los espectáculos en vivo; pues sus precios subirían de manera considerable para recuperar la inversión; llegando incluso a dejar de producirse proyectos ostentosos, como los grandes musicales por ejemplo, pues no habría dinero para montar estas producciones.

 

Con todo esto, varios productores y promotores en México y en el extranjero se están preguntando si es conveniente reabrir o no los espectáculos en vivo, algunos concluyendo que será mejor no perder a no ganar, lo cual pone en riesgo la realización de eventos masivos, que tienen también la posibilidad de convertirse en centros de contagio masivo.

 

Hasta el momento no se tiene una certeza de cómo se manejará la industria del entretenimiento en vivo en México, en especial en la Ciudad de México; aunque hace unos días el productor Alejandro Gou anunció el reinicio de funciones del musical Jesucristo Súper Estrella del 3 al 5 de julio próximo, lo cual algunos han considerado algo arriesgado.

 

Otro musical que en México cerró temporada es el musical Chicago y en Broadway el recién estrenado musical Frozen hizo lo propio.

 

Un anuncio que también se hizo hace unas semanas, fue el de la realización de la entrega 62 del premio Ariel a lo mejor de la industria del cine nacional, por parte de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC); dejando la posibilidad de poder realizarlo cuando el semáforo esté en amarillo.

 

El problema ahí será el tamaño del espacio destinado para llevarse a cabo, que por presupuesto podría ser de nuevo la Cineteca Nacional; siendo este muy reducido para concentrar a los cientos de personas que se dan cita en el evento; además del control hacia la prensa durante la realización de su alfombra roja, por ejemplo, en la que todos los reporteros hacen hasta lo imposible por obtener ‘La declaración’ de la luminaria entrevistada.

 

En verdad es un enorme reto al que se enfrentarán los encargados de la logística de estos eventos, lo mismo de cine, como de teatro y conciertos, pues si nunca ha faltado el pelo en la sopa, esto no puede ser la excepción.

 

Y más aún en un país en el que el confinamiento nos hizo lo que el viento a Juárez; y que, como lo mencionó mi amigo Carlos Tomasini en sus redes, “las personas fueron a La Viga para no cometer pecado comiendo carne en Semana Santa; se formaron en la pastelería para comprarle un pastel a su mamá en el sagradísimo Día de la Madres y se enojan porque no las dejan entrar en familia al supermercado”, ¿qué se puede esperar?

 

Sin duda alguna, estamos ante uno de los mayores retos en la historia contemporánea mexicana y universal, pues el plan de reactivar la economía, además de nuestra vida laboral y académica, viene acompañado de la responsabilidad de evitar contagiarnos de COVID-19, una enfermedad letal, le pese a quien le pese.

Fotografía: Cortesía de la fototeca de Omar Escobar

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