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Pablo Agüero busca desmitificar la caza de brujas

enero 29, 2021

Juan Manuel Ramírez | @juanm_ramirez9

El cineasta franco-argentino Pablo Agüero, se ha caracterizado por no seguir las reglas convencionales de la industria cinematográfica. Nacido en la provincia de Mendoza, Argentina, Pablo ha recorrido un largo camino para llegar al punto en el que se encuentra actualmente.

 

El director obtuvo reconocimiento con su cortometraje Primera Nieve, ganador al Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2006. Para el 2008, su primer cinta, Salamandra, fue seleccionada en la Quincena de Realizadores de Cannes.

 

Con Eva no duerme, cosechó múltiples reconocimientos alrededor del mundo, siendo la película más galardonada en los premios Cóndor 2015.

 

En exclusiva para México, Filmeweb tuvo la oportunidad con el cineasta para abordar los puntos más cruciales de su nuevo filme Akelarre, en el cuál, busca desmitificar la caza de brujas.

¿Cómo te sientes con que Akelarre esté nominada a los Premios Goya en nueve categorías?

Me siento bastante satisfecho, pues viene imponiéndose como una película importante en el año. La única ficción en el festival más importante (Festival Internacional de San Sebastián 2020) hasta llegar a las nominaciones más importantes; es la única película que ha logrado recorrer ese camino, desde San Sebastián hasta los Goya. Me siento muy contento, sobre todo porque no es la película tradicional con un solo objetivo comercial.

Ni siquiera tiene un objetivo consensual, es una cinta que puede perturbar, que puede incomodar, que toca aspectos políticos y humanos delicados, entonces me parece una buena sorpresa que consiga este reconocimiento”.

Como mencionas, no es una cinta convencional. Está basada en el libro Tratado de la inconstancia de los malos ángeles y demonios, del juez francés Pierre de Lancre, ¿Cómo fue tu primer acercamiento a la historia y cómo surge la idea de adaptarlo?

En realidad empezó hace muchos años. En el 2008, estaba yo presentando mi primer largometraje Salamandra en el Festival de Cannes, y ahí, en el departamento que me habían alquilado, otro libro, La Bruja de Jules Michelet, que es un gran historiador francés. Es un libro que fue prohibido por casi 100 años

Trataba justamente, o más bien, politizaba la supuesta figura de la bruja y lo mostraba ya en su época, no sólo en el macartismo de los años 50 en Estados Unidos cuando se habla de caza de brujas, sino la caza de brujas original, que también fue una persecución política.

Me interesó mucho este punto de vista, y durante 10 años investigué mucho, leí textos de muchos jueces que habían realizado muchos procesos en Europa, incluso en las Américas. Llegué a ese escrito, el más fascinante de todos, que es un escritor con un gran imaginario barroco y con un contexto muy particular como lo es el País Vasco. Fue un gran viaje de investigación y también de buscar financiar la película.”

 

Platicabas en alguna entrevista que es la película que más te ha costado sacar adelante, ya que te pedían otros enfoques de la narrativa. ¿Cómo lograste para que prevaleciera tu visión por encima de los intereses económicos?

“Paciencia, porque me rechazaron en muchos lugares. El proyecto levantaba mucho interés inmediato, pero siempre había una presión para tomar una perspectiva más masculina, o desde lo fantástico, o sea que las mujeres fueran realmente brujas; así que para mantener esa línea (su visión) tuve que, sencillamente, aceptar muchos rechazos al momento de buscar financiamientos más grandes.

Los financiamientos más pequeños de desarrollo, todo lo que son residencias, o encontrar productores más accesibles, pero se juega la calidad artística, y cuando quieres ir finalmente al financiamiento para el rodaje, hay otras presiones en juego. Entonces fui golpeando diferentes puertas, si no abrían aquí, intentaba allá.

 

La puerta que se abrió, la más importante, fue el País Vasco. Allí se encuentra muy presente en la memoria lo que fue la caza de brujas y de la identidad regional; tienen una memoria muy viva. Cuando empecé a subvencionar desde allí, empezó a reaccionar mejor. También el apoyo de Netflix fue muy importante, nos precompró la película, por lo cual no tuvieron incidencia en lo artístico. Netflix está tomando nuevos riesgos, que algunos canales de televisión no toman, de apostar por autores.”

 

Un recurrente de tu filmografía es tener a la mujer como protagonista de la historia y, en el camino, deshacerte de alguno mitos, como sucede enEva no duerme’, ¿Cuál es tu proceso para abordar estas historias sin caer en los clichés convencionales?

“Me parece importante proponer nuevos ángulos para contar historias, otro punto de vista, aunque a veces me cueste caro a mí, me cuesta años financiar, dificultades comerciales, debates, pero me parece que es mi función, despertar nuevas miradas, sorprender.

Proponer nuevas miradas no puede ser al azar, no se trata de innovar por innovar, se trata de adoptar, muchas veces, la mirada del oprimido, o de los olvidados, contar las historias que no han  sido contadas, o que se han ocultado, o a veces es retratar la figura del villano, como en ‘Eva no duerme’.

 

Yo a veces, me atrevo a decir, que intento crear géneros nuevos; estaba de moda los biopics, y había una saturación de los mismos, que generalmente enaltecen la figura principal, entonces se me ocurrió la ironía de inventar el necropic, con Eva Perón pero muerta. Me acuerdo de que había un par de actrices famosas que me habían escrito para protagonizar la película, y cuando se enteraron de que estaba muerta me dijeron ‘no puede ser’.

Pienso que se puede al mismo tiempo innovar en el lenguaje y hacerlo de una manera politizada e ideológica. Tenemos al cine político que en general no renueva las formas, se enfoca más en el discurso, y tenemos por otro lado, el cine de autor que a veces se mira a si mismo y se olvida del compromiso político; hay otros que están en la conjunción de ambas, yo intento estar ahí, si queremos tener un espíritu revolucionario, deberíamos tenerlo en la forma y el contenido.

 

Por eso me da mucho placer estar nominado en los Goya, porque para mí Goya es el artista que viene a molestarnos políticamente, hablarnos de la sociedad y hacer una presión visual brutal, su pensamiento y su forma; como lo fue Buñuel en el cine, que parece una continuación de él, que era como él. Yo me inserto en esa categoría”.

 

Y tocando el tema del elenco, a excepción de Amaia, todas eran debutantes, ¿Cómo fue tu proceso de selección para la cinta?

Me limitaba mucho el hecho de que tenían que ser bilingües (euskera y castellano), entonces rastrillamos todo el Pais Vasco, entre 800 y 1000 chicas, no tengo la cifra exacta. Les hicimos hasta cuatro pruebas, prácticas grupales, improvisaciones; luego pasamos varios meses ensayando, no el texto, más bien el canto y baile, y ajustando la composición de la canción a su textura de voz.  Todo eso va creando una cohesión de grupo, fuimos creando nuestra propia técnica.”

 

Varias de las nominaciones son aspectos técnicos. Platícanos más sobre el proceso de preproducción, filmación y postproducción.

Fue un proceso muy largo, durante los años de escritura viaje varias veces al País Vasco para ir buscando material. Fue durante un año, más o menos, que hicimos casting, composición de música, buscamos los instrumentos. Todo se fue realizando de manera integral, por ejemplo, yo había pensado en vestuarios más locos, pero las coreografías necesitaban libertad de movimiento, entonces todo se iba adaptando a todo hasta lograr un conjunto orgánico.

Por eso fui trabajando con mucha anticipación, mucha elaboración, siempre cuestionándome todo.”

 

¿Cuáles fueron tus referencias durante el desarrollo del proyecto?

Es una pregunta difícil. Yo crecí en un barrio muy pobre de la Patagonia, sin televisión, sin electricidad y no había cine en mi pueblo. Sé que mis primeras influencias cinematográficas no vienen del cine, vienen de la experiencia propia; yo cuando filmo una escena a luz de vela, yo vivía a luz de vela, vivía en un contexto como en el que vivían ellos.

Un contexto de violencia social, cuando creces en lugares donde hay mucha desigualdad social, hay una guerra todo el tiempo. Entonces son sensaciones que yo he vivido, son mis primeras referencias. Luego empecé a dibujar, referencias visuales, como te decía Goya es una de ellas. Luego me nutrí muchísimo del cine, con un abanico enorme de influencias, empezando con (Carl Theodor) Dreyer, que fue el primero que se atrevió a retratar el tema de la caza de brujas, con un par de obras maestras.

 

Traté de hacerlo ecléctico, yo quería que Akelarre no tuviera la rigidez que tienen las películas de época, hice muchos ejemplos en sentido negativo. Me di cuenta en que las cintas (de época) la gente se mueve de cierta manera, hablan de cierta manera y ¿por qué? Si nadie sabía cómo hablaban y se movían las personas del siglo XVII; además las cámaras son fijas, cuando en realidad no hay registro de eso.

La única realidad es que los filmes se están copiando unos a otros para ponerse de acuerdo que era o no del s. XVII. Yo traté de romper con eso sin caer en el anacronismo, simplemente para no estar copiando el mismo modelo. En eso usé muchas referencias diciendo ‘no hagamos esto, no hagamos el otro’.

 

Después me divertí creando una red de referencias completamente eclécticas. Por ejemplo, en la escena del orgasmo me dije ‘esto está en Cuando Harry Conoció a Sally, entonces ¿por qué no ponerlo en el filme?’. Ni siquiera la vi entera, odio las comedias románticas, pero esa escena es famosa, la miré y me pareció realmente muy graciosa y dije ‘vamos a sacudir al espectador con una cantidad de referencias tan densa que puedes desarmar la película y te lleva a todos lados’.

Reírme un poco también, me estoy cansando, incluso de mi propio cine, de tomarnos demasiado en serio. Tengo ganas de provocar.

Es como una subversión de todo, los que ven películas románticas no van a venir a ver Akelarre, estoy superponiendo referencias contradictorias, creando nuevos significados, es así cómo se crea una innovación, desplazando las cosas”.

 

Uno de los puntos que más cautivantes fue la dirección de fotografía, ¿Nos podrías contar un poco más sobre cómo fue rodar en exteriores?

Yo partí de un concepto que es prohibirme componer planos, porque vengo de un cine muy compuesto, muy coreografiado, me cansé de eso, me cansé de la pose, de la rigidez de los actores, trabajé a dos cámaras, filmé más de 100 horas, improvisando mucho.

Lo que hice fue crear un dispositivo luminoso real y unas reglas de juego que hacen que, por los ejes que elegimos y la relación con lo que hemos construido, todas las imágenes iban a ser muy expresivas. Si siempre estás filmando a contraluz o con luz muy violenta, hay como una serie de reglas de juego que puse en la caja, que, aunque se improvise, las imágenes van a ser extremadamente expresivas.

 

Busqué eso, desestabilizar todo, mover la cámara todo el tiempo, a veces filmaba yo mismo con la cámara, buscaba algo que sea muy potente expresivamente pero muy fresco también, no cuadros en el sentido típico de las películas de época.

Era como descomponer, romper la composición todo el tiempo, y a la vez, tener potencia expresiva, pero la potencia expresiva está por la situación luminosa que yo cree en el lugar. Hemos creado una situación nosotros, de poner fuego, humo, partículas que flotan el ambiente, cierta relación entre la distancia y los cuerpos. Los colores de las cosas, las ramas que yo mismo coloqué”.

 

¿Cómo fue el proceso de retroalimentación de los actores hacia ti y viceversa?

“Fue, digamos, tuve que aceptar el rol del estúpido. La gente está acostumbrada a que el director les diga ‘vamos a hacer esto así’ y lo realicen tal cual. Yo me permití, por una vez, decir ‘tómenme por un estúpido, yo no sé qué hacer’. Quería que cada elemento tuviera una influencia en el otro, si yo llego con mi rigidez y los meto a todos en mi cuadro, caería en la inflexibilidad. Es el peor peligro en las cintas de época.

Yo estaba todo el tiempo rompiendo esquemas, probando cosas, desde la ignorancia. Lo cual resultó muy desestabilizante para el equipo, pues llega un director y admite su ignorancia; hay gente que no lo entendió nunca. Yo les escribí una carta antes de rodar diciéndoles: ‘Me van a ver dudar todo el tiempo, van a creer que no sé lo que quiero. Llevo 10 años en esto, sé lo que quiero, pero me voy a obligar a no saberlo, para encontrar algo nuevo’.

 

Y eso lo aplicaba escuchando las opiniones de todos, observando lo que pasa con los movimientos de los actores, con los diálogos, con las luces, y moviendo todo, todo el tiempo para crear una totalidad orgánica.”

 

¿Qué es lo que sigue para Pablo Agüero?

“Escribo todo el tiempo. Escribí varios guiones. De pronto sentí que tenía que poseer algo que tuviera tanta importancia como esto. Esa necesidad vital que obtuve; este proyecto me llevó 10 años pero sabía que tenía que realizarlo. Hace unos meses encontré algo, y en estos días estoy terminando los retoques del guion.

 

Es la historia basada en Juana Azurduy (de Padilla), una mujer revolucionaria del siglo XIX en Bolivia, y que es casi una película de acción. Es sumamente visceral, una mujer que tiene cuatro hijos, un machete y está luchando para liberar al continente americano. Es una historia de otra época, pero completamente contemporánea.

 

Quiere luchar por una utopía, imagínate en su época, todo el continente americano estaba ocupado por invasores que tenían un poder desmesurado, y hubo gente que salió con machetes pensando en liberar un continente.

Hoy en día, cada utopía nos parece inalcanzable, que hay que olvidarla, que no se puede reparar el clima, o resolver la inmigración; ver gente que tenía anhelos desmesurados, se les morían sus hijos y perseguían un ideal, me parece que tiene la misma potencia que tuvo descubrir la historia de las brujas.

 

Ya tengo listo el guión, pero también podría ser una historia internacional, por que toma lugar en Bolivia, pero allí no hay equipo de producción. Estoy buscando productores en distintas partes del mundo, para ver quienes podían reunir un presupuesto importante, porque la película tiene una gran potencia visual y ambición de producción, para un proyecto que no tiene una nacionalidad definida.

Estoy golpeando todas las puertas, estoy muy entusiasmado”, finalizó.

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