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Los galanes de la Época Dorada también rompían pasiones

marzo 20, 2021

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

Hoy día tanto la televisión, como las plataformas digitales, al igual que el cine, nos presentan jóvenes figuras todos ellos galanes y de buen cuerpo, todos ellos encargados, además de demostrar su talento, acaparar un buen número de seguidoras y seguidores, a quienes invitarán con el simple deseo de mostrar su imagen en una fotografía, pantalla o concierto, a hacer un viaje al país de la fantasía.

 

Ante esto las mamás, abuelas o demás gente mayor se sorprenden, sin tomar en cuenta que en su momento ellos también cayeron en esa tentación. Si no nos creen, hagamos un viaje al pasado y analicemos a los galanes de la época dorada del cine mexicano y las que le siguen.

 

Empecemos con los dos ídolos histriónicos y musicales del cine mexicano por excelencia: Pedro Infante (1917-1957) y Jorge Negrete (1911-1953); ante los medios y el público protagonizaron una rivalidad fuerte y marcada. Unos amaban al “ídolo de Huamuchil” por su sencillez y acercamiento que tenía hacia el público, mientras que el ex esposo de María Félix para muchos era un antipático.

 

El cine inmortalizó ese “duelo musical” en Dos tipos de cuidado (México, 1953; Ismael Rodríguez).

 

Otros galanes que hicieron época en su momento, fueron los hermanos Gustavo Rojo (1923-2017) y Rubén Rojo (1922-1993); ambos convertidos con el tiempo en primeros actores, no sin antes ser galanes del cine y del teatro, recordando títulos como El gran calavera (México, 1949; Luis Buñuel) y El dolor de los hijos (México, 1949; Miguel Zacarías), respectivamente.

 

Sin duda alguna El señor teatro, Manolo Fábregas (1921-1996) fue otro de los galanes que más suspiros logró arrebatar a las jovencitas y señoras maduras de la época. De él recordamos títulos como El mártir del Calvario (México, 1952; Miguel Morayta) y Las señoritas Vivanco (México, 1959; Mauricio de la Serna).

 

Otras dos presencias obligadas en la gran pantalla en su momento fue la de dos galanes muy diferentes entre sí, pero cuyos estilos conquistaron a más de una, incluidas también algunas estrellas del espectáculo. Sus nombres: Arturo de Córdova (1905-1973) y Emilio Tuero (1912-1971).

 

El primero fue uno de los actores consentidos del melodrama, con títulos como Dios se lo pague (México, 1948; Luis César Amadori), además de esposo de Marga López; mientras que Tuero se consagró con la película Quinto patio (México, 1950; Raphael J. Sevilla), de la cual su tema musical le sirvió para estar en el estrellato.

 

Ramón Gay (1917-1960) fue otro de los galanes máximos del cine mexicano, además de un adonis en su tiempo. Sin embargo, su guapura fue su tumba pues murió asesinado por el ex-esposo de la actriz Evangelina Elizondo, con quien compartía créditos en la obra de teatro 30 segundos de amor.

 

Dicen por ahí que “La suerte del feo, el guapo la desea”; y prueba de esto es sin duda alguna Germán Valdés Tin Tan, uno de los cómicos y cantantes más talentosos que existieron en la época dorada del cine.

 

Proveniente de una de las dinastías más recordadas, Valdés logró tener en sus películas a todas y cada una de las mujeres más bellas del espectáculo y, para envidia de muchos, con todas tuvo escenas de beso y rítmicos bailes.

 

Si no nos creen, recuerden el romance que tiene con Silvia Pinal en El rey del barrio (México, 1949; Gilberto Martínez Solares), en la que le canta Contigo, ganándose un beso en plena borrachera.

 

Germán Robles (1929), Eduardo Noriega (1916–2007), Antonio Aguilar (1919-2007), Abel Salazar (1917-1995), y Wolf Ruvinskis (1921-1999) otros galanes de la Época Dorada del cine mexicano que, con su presencia y estilo no tan galanes, pero si muy masculinos, lograron llamar la atención del público y la crítica, en algunos casos haciéndose querer y en otras odiar por las maldades de sus personajes.

 

Desviando la línea del tiempo, Andrés García (1941) y Jorge Rivero (1938) fueron los galanes máximos del llamado Cine de Ficheras, que llegó a la gran pantalla a finales del setenta y parte del ochenta. Ambos con físicos sorprendentes, nunca antes vistos en el cine nacional, sorprendieron por sus atrevidas escenas, en las cuales no dejaron nada a la imaginación.

 

Lo más impactante es que, en ese entonces, sus edades oscilaban entre los 38 y 41 años respectivamente, dejando en claro que estos señores son como los vinos, entre más añejos mejor.

 

Para finalizar presentaremos a dos galanes, ambos con una amplia diferencia de edades entre sí, pero que se caracterizaron por llamar la atención por su masculinidad, llevando su galanura más allá del cine hasta la pantalla de cristal: Joaquín Cordero (1923-2013) y Héctor Bonilla (1939).

 

Además de ser galanes en la pantalla grande, cada uno supo llevar su estilo a la televisión, uno en rol de galán maduro y el otro como sensual galán, en títulos que iban de El boxeador (México, 1958; Gilberto Gazcón) a El amor tiene cara de mujer (México, 1971; Fernando Wagner); y de El cumpleaños del perro (México, 1975; Jaime Humberto Hermosillo), a Viviana (México, 1978; Dimitrio Sarrás), respectivamente.

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