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Las villanas del melodrama clásico mexicano

enero 11, 2020

Fabián de la Cruz Polanco | @fabiancpolanco

No obstante que la industria del cine halló en el género del melodrama una exitosa veta, explotando fórmulas con historias que muestran a protagonistas benévolas en situaciones desafortunadas, pero triunfadoras tras enfrentar severas batallas y obstáculos gracias a su bondad; diversos guionistas y realizadores tomaron la decisión de entregar el rol principal a las villanas, quienes para asombro de todos, lograron llamar la atención del público convirtiéndolas en favoritas de las taquillas, pues a final de cuentas sus vidas reflejan un significado tan humano, que la audiencia se ha identificado con ellas.

 

Una de las primeras antagonistas en ser protagonista de un melodrama en el cine nacional fue quien más tarde sería una abuelita emblemática dentro de la industria: Emma Roldán, en la comedia Allá en el rancho grande (México, 1936; Fernando de Fuentes) en la que interpretó a la ambiciosa ‘Ángela’, la madrina de ‘Crucita’ (Esther Fernández), a quien estaba dispuesta a entregar al patrón (René Cardona) por unos cuantos pesos, sin importarle que la muchacha estuviera enamorada de ‘Juan’ (Tito Guízar).

 

Otra villana protagonista fue Andrea Palma en otro clásico del melodrama mexicano: Aventurera (México, 1949; Alberto Gout), en donde encarnó a ‘Rosaura’, una dura mujer que lleva una doble vida y que obliga a ‘Elena Tejero’, una joven huérfana provinciana a convertirse en vedette, encarnada por Ninón Sevilla.

 

De igual manera Ninón Sevilla protagonizó Sensualidad (México, 1950) de nuevo con dirección Alberto Gout, en la que encarnó a una prostituta y rumbera, que se convierte en el objeto del deseo de un severo juez, interpretado por Fernando Soler.

 

Otra película exitosa de ese mismo año fue Susana, carne y demonio (México, 1950; Luis Buñuel) protagonizada por Rosita Quintana, que encarna a una joven que escapa de un reformatorio y llega a una hacienda en donde seducirá a todos los hombres del lugar.

 

En 1951 Tito Davison dirigió a Lilia del Valle en Te sigo esperando, en donde interpretó a una joven que interfiere en un matrimonio.

 

Ana Luisa Peluffo hizo lo propio en La adúltera (México, 1956; Tulio Demicheli), melodrama cuyo título la puso en el ojo del huracán. Su rival fue Silvia Pinal.

 

La protagonista tanto de esta cinta, como de la primera telenovela mexicana fue también una manzana de la discordia, interpretada respectivamente por Lilia Prado y Silvia Derbez en Senda prohibida.

 

Por su parte, Elsa Aguirre protagonizó como malvada dos melodramas: La mujer que yo amé (México, 1950; Tito Davison), con Agustín Lara; y Amar fue su pecado (México, 1950; Rogelio A. González), en la que da muerte a su hermana que padece un mal incurable.

 

Dolores del Río y María Félix tampoco pudieron decir no a protagonizar cintas como villanas como figuras centrales.

 

Una de ellas fue Doña Bárbara (México, 1943; Fernando de Fuentes), a la que le siguió Doña Diabla (México, 1949; Tito Davison), cuya recompensa fue el premio Ariel.

 

En lo que se refiere a Dolores del Río, hay que mencionar Doña Perfecta (México, 1951; Alejandro Galindo), que también le dio el Ariel a Mejor actriz.

 

Sin hacer a un lado la imagen de la madre como figura emblemática de la familia y la cultura nacional, Emilia Guiú muestra lo opuesto a esta figura con Angelitos negros (México, 1948; Joselito Rodríguez).

 

Otra madre villana que protagonizó una historia fue Amanda del Llano en El papelerito (México, 1950; Agustín P. Delgado), en la que sacrifica a su hijo con tal de seguir a su amante.

 

Marga López protagonizó dos cintas en donde dio rienda suelta a la maldad: La mujer sin lágrimas (México, 1951; Alfredo B. Crevenna); y Soledad (México, 1947; Miguel Zacarías), ganando por esta cinta el Ariel como Mejor coactuación femenina, por este papel.

 

Otra villana emblemática fue la creada por Mimí Bechelani y protagonizada por Maricruz OlivierTeresa (México, 1961; Alfredo B. Crevenna); y Rubí (México, 1970; Carlos Enrique Taboada), creado por Yolanda Vargas Dulché y personificado por Irán Eory.

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