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La maldición de los remakes de Carlos Enrique Taboada

octubre 17, 2020

Luisa Tinajero González|@tinajero_luisa

Las brujas lo pueden todo”.

Veneno para las hadas, 1984.

 

Carlos Enrique Taboada fue un director y guionista de cine mexicano, galardonado con el premio Ariel. Se caracterizó principalmente por manejar el terror, el suspenso, lo místico y esotérico en su trabajo.

 

Con el paso del tiempo su trabajo fue apreciado por la critica y el público. Comenzó su trayectoria en lo años 50, durante mucho tiempo se enfocó en realizar guiones para televisión, entre los que destacan: La maldición de Nostradamus, Nostradamus y el destructor de monstruos, Nostradamus, el genio de las tinieblas, La sangre de Nostradamus, y El testamento del vampiro, todas estas rodadas en 1959.

 

En 1964 aparece como director de la película, ‘La recta final’, un largometraje lleno de intriga y misterio, en 1968 llega con su largometraje más popular, ‘Hasta el viento tiene miedo’, protagonizado por Marga López, Alicia Bonet y Maricruz Olivier. En este mismo año se estrenaría ‘El libro de piedra’, considerada una de las mejores películas del director. En 1975 se estrenó ‘Más negro que la noche’, en 1979, ‘La guerra santa’, y en 1984, su filme más galardonado, ‘Veneno para las hadas’.

 

Veneno para las hadas también sería su última película dirigida, después de esta se dedicó a la producción televisiva y a la escritura para otros directores, hasta su fallecimiento en 1997.

 

Una prueba de la importancia que dejó el director en el cine de terror actual, son los remakes de sus películas entre los que se encuentran: Hasta el viento tiene miedo (2007), protagonizada por Martha Higareda, El libro de piedra (2009), con Evangelina Sosa, Plutarco Haza y Ludwika Paleta, y en 2014 se estrenó el remake de Más negro que la noche, primer filme mexicano rodado enteramente en formato 3D y protagonizado por Zuria Vega y Eréndira Ibarra.

 

Todas estas versiones tuvieron resultados pobres y definitivamente no fueron del agrado de los críticos.

 

“Los remakes revelan diferencias culturales, orientaciones estéticas variadas, percepciones de clase y género, así como distintos periodos sociohistóricos y las cambiantes expectativas del público”, argumentó Gustavo Moheno, director y guionista de la adaptación de Hasta el viento tiene miedo de 2007.

 

Hay una marcada diferencia entre aquellas películas originales del siglo pasado y sus versiones más recientes, el mejor ejemplo de estas diferencias está en Hasta el viento tiene miedo. Mientras en el largometraje de 1968 vemos:

 

Un estricto internado para señoritas, donde Claudia, una de las estudiantes, lleva días sin poder dormir, debido a las recurrentes pesadillas que ha presentado. Luego de contarles a sus compañeras, ellas deciden investigar acerca de los motivos que han ocasionado dichos sueños, razón por la que Bernarda, la enérgica directora del plantel, las castiga durante las vacaciones.

 

Pronto, las adolescentes descubren la presencia de Andrea, el espíritu de una alumna fallecida años antes, que busca cobrar venganza por su muerte, sin importar la tragedia que esto pueda ocasionar.

 

En su versión del 2007 se nos presenta la historia de la protagonista homónima, quien tras un intento frustrado de suicidio, es internada en un singular centro de apoyo para adolescentes con problemas emocionales, regido por la inflexible psiquiatra Bernarda Alquicira.

 

Conviviendo con chicas que han pasado por trances similares, Claudia se ve enfrentada a las súbitas apariciones de Andrea, una interna que se suicidó misteriosamente en la torre del lugar tiempo atrás. La enigmática Josefina y la doctora Lucía Franyutti, brazo derecho de Bernarda, conocen la clave del extraño regreso de Andrea.

 

Los remakes definitivamente son un arma de doble filo, existen aquellas versiones “modernas”, que han logrado superar a su predecesora como lo hemos podido ver en Scarface (1983) del director, Brian De Palma, Cabo de miedo (1991) de Martin Scorsese y Drácula, de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola, pero este no ha sido el caso de los refritos de Taboada.

 

Las nuevas versiones son un intento por parte de la industria de obtener una buena racha comercial, y esto no asegura calidad en lo visual ni en el tratamiento de la historia y tampoco en el manejo de los personajes. Los remakes han resultado de mucha utilidad para revalorar las versiones originales y darnos cuenta de lo buenas que son.

 

Probablemente a la adaptación de Hasta el viento tiene miedo del 2007 le hizo falta la dupla de Martha Higareda y Omar Chaparro para ser un éxito en la taquilla mexicana.

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