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Jaime Humberto Hermosillo un cineasta que rompió estereotipos

enero 19, 2020

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

El pasado 13 de enero falleció Jaime Humberto Hermosillo, considerado por muchos como el primer cineasta encargado de mostrar en la gran pantalla el lado oculto de la clase media mexicana, además de explorar también en temas considerados tabús como la homosexualidad y el erotismo.

 

Nacido en Aguascalientes, Aguascalientes el 22 de enero de 1942, estudió cinematografía en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), ahora Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dejando ver su perfil como realizador en sus primeros años con la realización de cortos y mediometrajes como Homesick (1965); S. S. Glencairn (1969) y Los nuestros (1969), de los que fue también guionista.

 

Después de estos proyectos, debutó de manera formal en la industria con un título que causó polémica en ese entonces: La verdadera vocación de Magdalena (1971), protagonizada por Angélica María y Carmen Montejo, iniciando de esta manera una amplia trayectoria fílmica en la que se abordaron temas fuertes que fueron entendidos y aplaudidos por el público y la crítica.

 

Entre ellos podemos mencionar la homosexualidad, que fue abordada en cintas como El cumpleaños del perro (1975) y Matinée (1977), en las que este tema era sugerido de forma muy directa por el realizador; hasta llegar a Doña Herlinda y su hijo (1985), cuyo argumento fue claro y directo presentando justo la hipocresía dentro de la sociedad mexicana, lo cual marcó la filmografía de Jaime Humberto Hermosillo.

 

Y esto era secundado también por sus actores, quienes al leer los argumentos aceptaban de inmediato trasgredir junto con el realizador, tal y como sucedió en su momento con nombres como los arriba mencionados, además de Héctor Bonilla, Manuel Ojeda, Jorge Martínez de Hoyos y otros que llegarían más adelante, como José Alonso, Alma Muriel, Beatriz Sheridan, Ana Ofelia Murguía, Emilio Echevarría, Álvaro Guerrero y Martha Navarro, entre otros; hasta llegar a su actriz consentida y amuleto: María Rojo, con quien realizó gran parte de sus éxitos.

 

Con ella realizó, además de La Tarea (1991), la cual se originó de un trabajo previo, El aprendiz de pornógrafo (1989), otros títulos como Naufragio (1978); María de mi corazón (1979), en cuyo argumento se contó con la colaboración de Gabriel García Márquez; Confidencias (1982); Las apariencias engañan (1983); El corazón de la noche (1984); Intimidades de un cuarto de baño (1991); La tarea o De cómo la pornografía salvó del tedio y mejoró la economía de la familia Partida (1991); La tarea prohibida (1992); Encuentro inesperado (1993); De noche vienes, Esmeralda (1997); y Dos auroras (2005), su último trabajo juntos.

 

Julissa fue otra de las actrices que creyeron en la propuesta fílmica de Hermosillo, doble ganador del Ariel, como se vio en títulos como Amor libre (1979); y Rencor (2005), uno de los trabajos digitales a los que recurrió el realizador ante los bajos apoyos con los que se topó en sus últimos años de trabajo.

 

Cabe mencionar que años atrás, los personajes protagónicos de La verdadera vocación de Magdalena serían interpretados por ella y su madre, la también primera actriz Rita Macedo.

 

Otro gran amigo y promotor del trabajo de Jaime Humberto Hermosillo fue el periodista y crítico Mauricio Peña, con quien lo unía una gran amistad; al igual que con Luis Terán, periodista e investigador. Incluso, ambos aparecen en las cintas Amor libre y La verdadera vocación de Magdalena.

 

Sin duda alguna, hablar del trabajo fílmico de Jaime Humberto Hermosillo acapararía pantallas y pantallas en la computadora, al igual que las anécdotas y buenos momentos que se vivieron durante sus rodajes, al igual que la gran batalla que emprendió durante su carrera, en la que reunió 39 títulos lo mismo en cine tradicional, como en el digital y en la televisión; pero lo único que debe quedar presente en las nuevas generaciones, en las pasadas y presentes, es que su trabajo fue de gran importancia para que el cine mexicano abriera los ojos y aceptara presentar en sus pantallas la realidad de la sociedad que se vivía en el país.

 

El trabajo de Hermosillo ha sido comparado con el del realizador español Pedro Almodóvar. Pero hay que dejar en claro que ninguno copió al otro, pues sus carreras iniciaron de forma casi simultánea (primero Hermosillo) y ambos tenían el mismo objetivo en sus respectivos lugares: hacer cine y mostrar la realidad de su país.

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