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Fuera trampas y venenos, los ratones en el cine

junio 27, 2020

Fabián Polanco | @fabiancpolanco

Solamente Walt Disney pudo imaginar que la primera estrella de sus películas clásicas de animación, Mickey Mouse, llegaría a tener una gran influencia en el espectáculo del cine a través de los años y probar que el público todavía puede sentir alguna simpatía por los repelentes roedores que son una amenaza para la salud.

 

Convertirlos en figuras simpáticas, participantes de un mundo en movimiento, que pueden solucionar su propia existencia y también dar entretenimiento al público que sigue sus aventuras en la pantalla, ha sido el mayor desafío de cualquier creador cinematográfico.

 

Desde este singular personaje creado por Disney en la década del 30 del siglo pasado, hasta nuestros días han aparecido muchos parientes de ‘Mickey’ quienes, con igual, mayor o menor fortuna, han conseguido establecerse como figuras taquilleras.

 

Entre ellos están su pareja ‘Mimí’, con la que ha protagonizado no sólo cortos sino también largometrajes con el sello de Walt Disney; ‘Bernardo’ y ‘Bianca’ con todo y su secuela, Aventuras en Cangurolandia; el célebre ‘Gus Gus’ de un clásico de animación, La Cenicienta; y de otras compañías Speedy González y Stuart Little.

 

De forma reciente podemos mencionar a ‘Remy’ de Rataouille, la película de Brad Bird, con la cual se dio un giro importante en la trayectoria de estos animalillos en el cine de animación; aunque también hay que darle crédito a David Bowers y Sam Fell quienes nos sorprendieron con Lo que el agua se llevó (Flushed Away), donde se planteaba la existencia de un mundo paralelo a la ciudad de Londres donde imperaba una galería de ratones que mucho se parecían a los pícaros de las novelas de Dickens, que tenían como escenario la capital inglesa.

 

Sin embargo, la propuesta de Bowers y Fell no tuvo el gran éxito que sus anteriores propuestas de animación con plastilina, Pollitos en fuga y Wallace y Gromit: La batalla de los vegetales, porque escogieron la animación digital para su historia de ratones, aunque debe ser reconocida su gran inspiración para crear un buen vehículo de entretenimiento.

 

Con todo el camino que antes habían pavimentado otros expertos del género Brad Bird, creador de otros títulos importantes como El gigante de hierro y Los Increíbles (con la que obtuvo el Oscar de animación en 2005), nos presentó Ratatouille una película que intenta hacer una defensa de las criaturas marginales y que reitera un amor desmedido a una ciudad excepcional como París.

 

En ese entorno tan especial, el personaje de ‘Remy’ fue una propuesta para sugerirle al espectador la importancia que tiene la comida gourmet, la batalla que expertos en nutrición le han dado a la comida ‘basura’, y que formó parte también de una cruzada que el propio realizador, junto con John Lasseter, Pixar y los Estudios Disney, realizaron para crear esa conciencia del buen comer del que hace gala y exaltación el personaje principal.

 

Cuando otras películas se establezcan como las defensoras de la fiebre gourmet en el mundo, la referencia obligada de Rataouille será avalada por los cientos de miles de espectadores que se dieron cita en las salas del mundo donde llegó la película, además de quienes la han conocido a través del DVD, Blue Ray y también en la televisión abierta o de paga.

 

Al igual que otras películas de acción viva como Comer, beber y amar, de Ang Lee, o La gran comilona, de Marco Ferreri, la película de animación de Bird es una invitación a degustar con placer un platillo que forme parte de una tradición culinaria como la que ha logrado establecer a través de varios siglos, los maestros franceses.

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