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Espejo retrovisor: Romain Gary y su promesa al amanecer

octubre 17, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes | @filmeweb

Promesa al amanecer (La promesse de l’aube, 2017, de Eric Barbier) es la segunda adaptación al cine del libro homónimo de Romain Gary (1914-1980). La primera fue realizada por Jules Dassin, con Melina Mercouri en el papel de su mamá.

 

En la reciente versión, Charlotte Gainsbourg caracteriza con exuberancia a Nina Kacew, la sobreprotectora madre de Gary, quien lo cuidó, vivió para él siempre y literalmente hasta después de fallecer.

 

Siguiendo la novela, la película es un vasto y sensible homenaje a su progenitora. Se propulsa por la lectura del texto hecha por la primera esposa de Gary (Lesley Blanch, encarnada por Catherine McCormack), mientras aguarda su alta de un hospital en México.

 

El inicio es en Patzcuaro, alrededor de 1958, donde el escritor sufre un ataque y pide ser trasladado a la capital. Blanch encuentra entre sus documentos el original del libro, fresco de la pluma de Gary; nos introducimos con ella a conocer la existencia de Nina y y su hijo, apellidado como ella, desde su arribo a Polonia en la década del 1920.

 

Filmada en las ciudades donde radicaron los Kacew, la traslación es escrupulosa para reproducir las diversas épocas y ambientes, de Niza a París y a Londres en la Segunda Guerra Mundial. Todo el tiempo es irrefutable el inmenso amor de Nina por Romain; sus trabajos y empeños tenían el objetivo de verlo triunfar, convertirse en una celebridad. Cual pitonisa pregonaba su futuro, famoso escritor, cónsul, embajador de Francia (y le faltaría, ganador único de dos premios Goncourt), aún antes de viajar y conocer la capital francesa y tomar la nacionalidad.

 

La Gainsbourg es efectiva y recargada (de joven a anciana) en sus poses extravagantes de sus raíces, próximas a la familia del Zar Nicolás; en inventar su herencia y riqueza, en simular ser una modista famosa, representante de una casa de modas parisina; en apropiarse del espacio por el cual atravesaba.

 

El encomio de Gary hacia su madre corre de la mano de sus prosperidades, su asentamiento en la Costa Azul, con bellas postales de cómo recuerda su arribo, el Mediterráneo al fondo, las calles todavía con aire provinciano. La voz del escritor evoca los posibles pretendientes para ella, los arreglos para hacerlo estudiar y azuzar sus escritos juveniles calamitosos.

 

En un biopic del estilo, es infaltable la secuencia algo hilarante y erótica de su despertar sexual y la vuelta inesperada de ella a casa. Los pasos del tiempo de su infancia a la adolescencia y a la veintena (convertido en Pierre Niney), persisten en el porfiar de la mamá para instruirlo, sus ambiciones reiteradas a vecinos y gente conocida. Los excesos de mamá gallina reacia a soltar a su polluelo provisionan un gag en la estación de tren, y la consigna de la separación, el salto adulto de la mano y cuerpo de una mujer.

 

La relación espistolar es fundamental en Promesa al amanecer con el alejamiento, los conatos de novelista, el logro de ver su nombre impreso en un periódico. Las llamadas telefónicas complementan las cartas, las verdades y mentiras, el retorno triunfal suspendido a Niza.

 

Una sección trascendente, bien coludida con las cartas de ambos, se planta tras la declaración de guerra; la apostilla del antisemitismo en la secuencia de nombramiento de grados militares: no en vano, un telefónema le salva (mientras él habla a la bocina, al fondo vemos estallar el avión), en sucesos un tanto fantasiosos válidos del peso de su mamá para su existencia.

 

Las secuencias de guerra son de buen nivel, con todo y se distingan los back projection (cual película de entonces, el soldado escribiendo en medio de las conflagraciones), las reproducciones, y se valga el director Barbier de los necesarios efectos especiales para verlo con De Gaulle, por ejemplo. La secuencia del vuelo con el piloto cegado es de primera línea, con otra muestra del azar, divino o quimérico, alrededor de Gary.

 

Promesa al amanecer cierra el círculo, de su primera novela a ser reconocido escritor (el doctor mexicano asienta su hipocóndria y le sugiere siga escribiendo). Del apellido materno idealizado a rebautizarse Gary, con el cual firmaría lo relevante de su obra. Cumplidos los sueños maternos. Homenaje repicado.

 

En nota a pie de página, uno de los productores del filme es Diego Gary, el hijo del escritor con Jean Seberg, su segunda esposa.

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