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Espejo retrovisor: Mary Shelley Frankenstein

julio 11, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes.-

La bicicleta verde (2012), fue el largometraje debut de Haifaa Al-Mansour, la primera mujer árabe directora de cine conocida alrededor del mundo. La historia de una niña superando limitaciones en una sociedad cerrada hasta para comprar una bicicleta, le abrió las puertas de Europa, con un poco de retraso, para realizar una película de producción más compleja, histórica, de toque feminista, de liberación de las mujeres.

 

Con un guion de Emma Jensen, Mary Shelley (2017) voltea a registrar dos de los años más importantes en la existencia de Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) quien quedaría inscrita en la historia de la literatura por su obra primigenia Frankenstein: o el Prometeo Moderno; y para efectos complementarios por haber sido la esposa del poeta Percy Bysshe Shelley (1792-1822) de quien tomaría el apellido por el cual se le conoce más.

 

El argumento se ocupa principalmente de los dieciséis a los dieciocho años de edad de la escritora, del obligado alejamiento de la casa paterna y su estancia en Escocia con William Baxter y su familia, donde entablará amistad con Shelley -y conocerá a Samuel Coleridge-, a la creación de su novela y las pugnas para imprimirla, en la Gran Bretaña de comienzos del siglo XIX donde era altamente complicado para las mujeres el ser aceptadas como escritoras, autoras de obras relevantes, ver su nombre en la portada.

 

Con una lograda ambientación -en reproducción, vestuarios, comportamientos, escenografías, locaciones-, se representa las dificultades para Mary al convivir con la segunda esposa de su padre (William Goodwin (1756-1836), respetado pensador, célebre por su Political Justice y sus adelantadas ideas sociales y políticas), con las tribulaciones por la muerte de su madre (Mary Wollstonecraft (1759-1797), escritora, filósofa, precursora del feminismo, de la igualdad entre hombre y mujeres), por no haberla conocido; el sentirse sola, más la disminuida situación monetaria del papá.

 

Elle Fanning encarna con naturalidad a Mary, a quien observamos en sus pininos de precoz niña escritora, con la herencia por los dos genes; tomar la pluma, esbozar narraciones, aguantar la crítica del papá, tener la fortuna aún adolescente de trabar contacto con gente de círculos poéticos; de disponer de todo tipo de material en la librería paterna; y gracias a su educación observar y aprender sin barreras, con amplitud de miras.

 

Guionista y directora ofrecen una adelantada estampa del desenvolvimiento de Mary, su disposición al enamoramiento, saltar convencionalismos, a su corta edad; la complicidad con su hermana Claire; su liberación incluso dentro de su inocencia, su forma de pensar forjada por sus lecturas y sus padres. La capacidad de decisión espontánea, de irse sin demora por encima de los consejos.

 

Junto con Claire se adherirá a una sociedad libre pensadora en más de un sentido, a poner en práctica nociones rotuladas por sus progenitores, a tientas y probando. La irrupción de Lord Byron (1788-1824) será un terremoto, un compendio de euforias y frenesís; un ámbito para el cual serán inexpertas, desconocedoras, pero secundarán las olas, las excitabilidades.

 

Punto de quiebre en el devenir de Mary es el nacimiento y muerte de su niña, secuela de las deudas y pérdida de herencia de Percy. Esto rondará en su mente para su futura obra, unido a la representación del galvanismo, al precedente de la electricidad y la posibilidad de reanimar a un ser humano, vista en un teatro.

 

Segmento trascendente es su viaje al Lago Ginebra. El guion revira el mito de la invitación de Byron, a la noche donde nacerían el Vampiro de Polidori y el Frankenstein. Se sintetiza gráfica y visual, con montaje apropiado, la atmósfera de desenfreno, el fluir de las relaciones, intimidades y sexuales, al calor del ambiente, las drogas, la complacencia de Claire, intentando pescar a Byron; las negativas iniciales de Mary; el encantamiento en la disipación. Los días y noches de lluvia y tormenta serán varias, previas a la moción de Byron de escribir cada uno historias de monstruos.

 

Sí será el pistón para el libro de Mary, para soltar las palabras en el papel sin detenerse, demostrarle a Percy su fortaleza, dejar de esconderse, fusionar lo aprendido de sus tragedias. Vendrá el penar para imprimirlo, el rechazo de editores, lo corriente a sus contemporáneas, narrado con voz fuera de campo, igual a otras fases de la película. El compendio de esas visitas, de creer era obra de su marido; y los temores de ir y mirar al papá tras su ventana.

 

Empalmadas en la vida de Mary, va la apropiación de Byron del relato de Polidori, el peso de los dos poetas renombrados para la sociedad; el relato del ahogamiento de la esposa de Percy; la difuminación de Claire. La aceptación del papá y de Percy de los valores de Mary, de su autoría, frente a la gente, en una secuencia significativa en lo visual, donde Mary se encuentra detrás de las cortinas, en semioscuridad, temerosa, y avanza, sale de ahí para dejar en claro quién es, y apenas rozaba los veinte años.

 

Mary Shelley es claramente una reivindicación de la escritora (así algunas situaciones contengan ficción o se admitan en aras de la dramatización), su lucha por salir avante, la salida a flote luego de los dos fallecimientos; la actualidad y fuerza de sus ideas y las de sus padres; la pintura de una época donde habría más mujeres empujando por escribir y señalarse, dejar de estar eclipsadas por los maridos o por su condición. Su relevancia por su obra magna y más allá.

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