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Espejo retrovisor: Llega a la muestra de cine una chica de cabello rosa y patineta al hombro

abril 24, 2021

Leopoldo Villarello Cervantes | @filmeweb

Como sigo sin asistir a salas de cine, ni funciones de prensa (y en la Cineteca Nacional ya no me envian ni información, ni invitaciones), la única película que pude ver de la Muestra de cine primavera 2021 fue La chica del cabello rosa y una patineta al hombro (Lola vers la mer, 2019, escrita y dirigida por Laurent Micheli), gracias a un amigo quien me la proporcionó.

 

Ganadora de los premios Magritte de la cinematografía belga en los rubros de actriz promesa y diseño de producción y nominada en las categorías de película, director, guión, música y edición; narra las contrariedades enfrentadas por la adolescente Lola (Mya Bollaers en su debut en la pantalla), tras el fulminante fallecimiento de su madre y ante la intervención médica próxima a efectuarle.

 

El título en español, disímil al original, traslada su problemática y el momento donde está parada. El director Micheli la posiciona alejada de su familia, viviendo en una casa refugio donde ha hallado quien la comprenda, guarezca y se ponga de su lado.

 

Las causas de su situación se avienen al asistir al entierro, ya en el nombre de la tienda paterna y en el recibimiento. La revisión de su padre (Benoit Magimel) de los efectos y pertenencias de la mamá, dará justificación para procurar ver al hijo.

 

El guion deviene el cargado reencuentro entre papa e hijo/a, el peso de la definición de Lionel/Lola por convertirse en mujer, su resolución y el saberlo desde la infancia: una serie de flashbacks más adelante, capturan sufrimientos y humillaciones recibidos, los porqués de no querer volver a la casa de campo, de su liberación/huida del hogar, los reproches paternos, las citas a escondidas con la mamá.

 

El camino de Lola hacia el mar es a infaustos recuerdos, a sentimientos archivados por ambos; un road picture interno y externo, donde gravan las pugnas en Bélgica con los idiomas flamenco y francés y gente homófoba (el farmacéutico, los rufianes). El azar les hace entrar a un bar con una comprensiva encargada y sus pupilas; los altercados darán paso a una perceptible adhesión, a cumplir la voluntad materna, a pesar del accidente donde la urna se le cae y parte de las cenizas navegan a otro destino.

 

La chica del cabello rosa…, plantea la posibilidad de tolerancia entre familia reacia a aceptar los dictados de la vida para quienes son homosexuales o transexuales; su desconocimiento y creencia de revertirlo en un tris o pensar es una fase. El director Micheli respeta la postura de Lola, su negativa a informarle al papá de las medicinas prescritas; emplaza la coyuntura para penetrar en el pasado de su progenitor, los reveses tragados, los sueños desechados.

 

La mutabilidad en Lola se visualiza en su felicidad al respirar fuera de la ventana del automóvil, en contraste con lo forzado como empezó el viaje. La noche teñida de la pintura roja, se emblanquece junto al mar. Los sombríos recuerdos infantiles serán borrados por el porvenir, aún con ahogos y la huella del auto quemado por intransigentes.

 

En su segundo largometraje Laurent Michel asume un conflicto corriente en infinidad de países, propende el curso optimista, más para la hija, y la pacificación del padre. En varios sentidos, el postrer deseo de la mamá funge de sanación.

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