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Espejo retrovisor: José Antonio Nieves Conde y el neorrealismo italiano de Surcos

junio 27, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes.-

En una secuencia de Surcos (1951) dirigida por José Antonio Nieves Conde (1915-2006), la amante de don ‘Roque’ (Félix Dauface) el cacique del barrio, le pide vayan a pasear o al cine, él acepta, le dice de ir a ver una película neorrealista; ante la nueva pregunta él señala los argumentos de tema social de ese tipo de cintas. Al regresar a su departamento, ella viene aburrida, comenta su preferencia por otra clase de películas donde no sufran.

 

Esos parlamentos resultan inherentes a Surcos, la cual tuvo aceptación crítica al ser la primera película española en seguir la senda del neorrealismo italiano. La trama precede en lo general a Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti, y alguna mexicana emparentadas al argumento de familia de campesinos viniendo de su pueblo a la metrópoli, Madrid en este caso, con ilusiones y optimismo; con la ingenuidad de conseguir empleos y la casa soñada, de triunfar, obtener dinero.

 

La triste realidad los pondrá en su lugar desde el metro, al salir en la estación Lavapiés, y entrar en la vecindad donde los alojará y compartirán cuartos con ‘Pili’ (Maruja Asquerino) la amiga de ‘Pepe’ (Francisco Arenzana) hermano mayor, quien cuando hizo “la mili” anduvo por esos lares.

 

Un punto importante de Nieves Conde y Surcos es haberla realizado en pleno franquismo, altamente distante entre las producciones usuales de la época, incluido el colofón desalentador, con imágenes referentes al título en el cierre, suplementarias a las de apertura.

 

Los tres hijos, su padre y madre, de apellido Pérez para mayor notación, resentirán burla y rechazo de la ciudad y la gente, notoriamente al ir papá e hijo a la oficina de empleos y decir su “experiencia” y su petición.

 

Después, Pepe instigado por Pili se insertará en la delincuencia bajo la égida de don ‘Roque’; el hijo menor, ‘Manolo’ (Ricardo Lucia) tras un fugaz y vano intento de ser cargador pasará a mensajero; ‘Tonia’ (Marisa de Leza) a las vueltas entrará de sirvienta de la amante. La situación del padre será más trágica cuando transcurrido unas semanas le aceptan en una fábrica, experimenta la inclemencia, se desploma su ánimo, y aún soporta lo hiriente de su esposa.

 

Las vicisitudes del papá y los hijos dan prueba de los desconsuelos y dramas atravesados por tantos como ellos, de los espejismos rotos. Nieves Conde utiliza un mismo motivo musical para subrayar cada instante pesaroso. Entre estos, asciende la buena fortuna de Manolo, el hallar una muchacha noble con padre bondadoso, y la metáfora de las marionetas. Su fuga de casa dejará ver áreas depauperadas, ciudades perdidas en las afueras de Madrid, filas de menesterosos recibiendo un plato de sopa de militares; escenas inusuales en el cine español.

 

Las secuencias de robos de ‘Pepe’ tienen aire de cine negro, incluida la fémina incitadora, el gañán (llamado el ‘Mellao’) tipo Dan Duryea o Rodolfo Acosta (a todos los personajes les podríamos poner rostro de actores mexicanos), con todo y palillo en la boca, y al controlador don ‘Roque’, quien igual sacará tajada de la virginal ‘Tonia’, la nueva favorita (con la subliminal escena de ella repitiendo la facha de la amante anterior), y le dará su merecido y enseñará su rango a ‘Pepe’ cuando éste le reclama por su hermana.

 

El derrumbe de la fantasía de ‘Tonia’ por convertirse en cantante es otra de las secuencias imborrables, en esos pequeños teatros en los cuales hacían sus pininos las muchachas en busca de fama; las mamás con las hijas en el vestidor, dispuestas a sacar provecho; un trío de pelafustanes jóvenes boicoteando el cándido número musical de ‘Tonia’; el papá abrumado al mirarla. (De extra, la aparición de la entonces reconocida cantaora Marujita Díaz).

 

El argumento de Surcos es de Eugenio Montes y en la adaptación interviene Gonzalo Torrente Ballester, además del director Nieves Conde. Las actuaciones, personajes y locaciones en pleno Madrid se alinean con el mejor neorrealismo italiano, más la sobresaliente fotografía en la oscuridad, en exteriores, el contrapicado en la escena del entierro, la disposición en el teatro. Surcos fue uno de los puntos altos en la carrera de José Antonio Nieves Conde y por la cual generalmente se le ubica.

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