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Espejo retrovisor: Jon Alpert nos presenta Cuba vista desde su cámara

enero 16, 2021

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Fotografiada, dirigida y escrita por el estaodunidense Jon Alpert, Cuba y el camarógrafo (Cuba and the Cameraman, 2017), es un resumen de sus viajes a la isla caribeña, un recuento de lo transcurrido en ese entorno en más de cuatro décadas, los cambios para los habitantes de La Habana y otros lugares, provincias, pueblos, desde su primer viaje en 1975, hasta hace unos pocos años. De lo más señalado es la amistad creciente, fundada con varios de los personajes a quienes visita en cada oportunidad y les ayuda o lleva un presente; el recibimiento, los saludos, las novedades encontradas; las vicisitudes alrededor, para ilustrar una cartografía de los cubanos, quienes han permanecido y aquellos fugados o emigrados por necesidad o gusto.

 

La original motivación de Alpert por participar y observar los avances de la revolución cubana y a su líder, se multiplica por las personas con quienes entabla relaciones, por l crisis reiteradas, los conflictos con Estados Unidos, la dependencia de la URSS, la caída del Muro, las obligadas modificaciones al sistema.

 

Parte medular del documental es su acercamiento a Fidel Castro Ruz, a quien acompañó y entrevistó en el avión hacia Nueva York cuando fue a hablar en la ONU en 1979, los fragmentos de sus conversaciones en la embajada, de ahí hasta la última ocasión cuando pudo verlo, retirado y enfermo. Del Fidel cuarentón, robusto, dicharachero, al marchito, canoso en cabello y barba, y con dificultades para expresarse: cual una alegoría de la Cuba en los años setenta a la de la segunda década del siglo XXI, de la fortaleza y embates al desinflamiento y aceptación de las condiciones actuales, con su frase acerca de la muerte como destino manifiesto.

 

Tres son los principales grupos de personajes, en distintas medidas son espejo del devenir de la Isla, de las personas siempre fieles al líder sempiterno a quienes se fueron desilusionando; o los alumnos de una escuela concientes de todas las carencias y el porvenir incierto; las familias suffriendo en carne propia las limitaciones en comida, vivienda y servicios; quienes tras su encarcelamiento se adaptan y transitan a negociantes prósperos, o los en lista de espera para trasladarse a Estados Unidos, y en pausa de subsistencia gracias a los dineros enviados por sus parientes. Grabar reacciones de los exiliados cuando les permitieron visitar a sus familiares.

 

Especial interés las vivencias del trío de agricultores, y su hermana, ya mayores cuando los encuentra en la década del 1970, alejados de la ciudad, tranquilos en su forma de vida, con pocas necesidades y gustos, pero de cualquier modo resintiendo los bandazos de la política y la economía en su reducto, el aumento de la violencia y los robos, las exiguas posibilidades de mejorar. Cada viaje es un solaz mirar a esos ancianos, firmes, aguantadores, felices, y los golpes del tiempo, las enfermedades.

 

La cámara de Alpert pasa revista a los viejos lemas revolucionarios pintados en las bardas, al escape en masa de los marielitos, en alto número expulsados de las cárceles o enfermos y locos; a la situación reciente donde todos quienes pueden han abierto negocios; el mercado negro de forma de vida. A establecer la absoluta dependencia del turismo, y las facilidades para esos viajeros. A meterse en calles y barrios habaneros y ser víctima de la represión y censura por la policía. A contar en voz propia la resistencia de gran parte de los cubanos, y un emblema: los automóviles modelos 1950 rodando por las calles y el ingenio de los dueños para repararlos, mantenerlos rodando.

 

Cuba y el camarógrafo reproduce con veracidad la desalentadora situación de los cubanos, la pobre vida para la mayoría; sin demeritar las probadas fases favorables, la educación, la medicina; de manera implícita efectúa una crítica a los postulados revolucionarios y su caducidad, a cómo les ha pegado a las generaciones posteriores. A su vez sin arremeter o con desaprobaciones para los dirigentes o a Fidel, con dejos felices

 

Impresión con sesgo amable de casi media centuria de la vida en Cuba y su capital, de entresacar puntos blancos de los negros, captar declives y suspensiones de un sistema anclado en temporales añejos, la supervivencia por encima de ello, el posible final de una época y las pujas por volver a poner el motor en marcha.

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