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Espejo retrovisor: Heridas y secuelas dolorosas en MyFrenchFilmFestival

febrero 13, 2021

Leopoldo Villarello Cervantes.-

Dos películas dentro de la edición número once de MyFrenchFilmFestival examinan heridas y secuelas dolorosas de conflictos bélicos entre el final del siglo XX y la apertura del XXI.

 

En Camille (2019) es la guerra civil en la República Centro Africana, alrededor de 2014-2016, en donde la protagonista, una muchacha fotógrafa, se lanza con afán de ganarse un lugar en periódicos y revistas para su material. De entrada sabremos cuál fue el destino de ‘Camille Lepage’, y un flashback retoma su emoción para viajar a ese territorio con el arriesgue del novato, de atestiguar en primera persona las tragedias cuyas noticias hacen primeras planas en publicaciones francesas, la situación en la cual están sumidos sus habitantes.

 

La aventura de ‘Camille’, caracterizada con solvencia y espíritu vigoroso por la actriz Nina Meurisse, pone en escena su coraje para arriesgarse en un país desconocido, donde mayormente eran hombres periodistas quienes cubrían esa conflagración. Su inexperiencia le imbuye para plantarse en los sitios donde sus camaradas de profesión apenas asomarían o prefieren guardar sus distancias.

 

La recreación de lo acontecido a ‘Camille’ da cabida a lo instintivo para aproximarse a unos muchachos universitarios Bangui en pugna por sacar avante a su nación, a convivir con ellos en los rumbos a tomar, en participar directamente, formar parte de la facción positiva; el hermanarse con una joven casi de su edad; tomar fotografías de las represiones y de sus vivencias internas, no siempre con la benevolencia de los partisanos, de quienes la miran como turista o una burguesa salida al mundo real, asombrada por las carencias, las condiciones de vida, los sufrimientos y pérdidas

 

Camille Lepage se empapó con sinceridad de sus motivaciones para pelear, obtuvo el reconocimiento de reporteros y el resto de gente, consiguió ser tomada en cuenta, tras los rechazos iniciales de las publicaciones; pero quiso ir más allá, retornar, cuando se le ofrecian opciones menos azarosas o amenazantes.

 

El director Boris Lojkine provee al filme de instancias documentales, tanto en manifestaciones o acechanzas en las selvas como en el ámbito doméstico, en las aldeas o al emprender la marcha tras las guerrillas a las cuales se ha unido el joven con quien ha congeniado. Reporta lo sangriento de esos conflictos, la crueldad de un bando, sin obviar las venganzas del otro, así los Anti Balaka puedan tener la razón y su lucha esté mejor enfocada hacia su nación.

 

De paso, reprende y pone en liza el papel de las naciones colonialistas, aún con peso sobre los territorios de los cuales se apropiaron antaño; a veces los silencios acomodaticios o la intervención imperiosa para pacificar estos conflictos, junto a las tropas de la ONU.

 

Boris Lojkine y su coguionista Bojina Payanatova, pintan verazmente la tragedia inminente de Camille Lepage, la dejan ir.

 

Los héroes nunca mueren (Les héros ne meurent jamais, 2019) da un giro particular, en corte realismo mágico, a los rescoldos de las guerras en los países ex yougoslavos de los años 80 y 90. Es el viaje a Bosnia y Sarajevo de ‘Joachim’ (Jonathan Couzinié) y sus compañeras ‘Alice’ (Adèle Haenel, con preeminencia antes de La mujer en llamas) y ‘Virginie’ (Antonia Buresi), en vías de desvelar interrogantes y dudas acerca de su pasado, de una sospechada vida anterior, una reencarnación sui géneris.

 

Documental introspectivo dentro de la película, y a la vez andanzas tras raíces ancestrales, por tierras donde las balas silbaron y asesinaron a cientos de soldados y gente inocente, les ilustrará acerca de sus habitantes, sus costumbres, recuerdos y filiaciones. Les incorpora a un mundo exótico para franceses y demás europeos aún cuando se encuentra no tan lejano.

 

Registra el peso de la memoria para quienes vieron acribillar a sus seres queridos, las tumbas en los panteones, de víctimas y espectadores de la inclemencia humana. Filmada en el camino, acopia sentires, inquiere a las personas de los poblados, a la búsqueda de un nombre y apellido comunes por esos lares.

 

‘Alice’, alter ego de la directora Aude Léa Rapin, reinventa -por afecto a Joachim- hechos y una posible existencia previa, en la creación de un film experimental con ella de directora y cámara, Virginie en el sonido y Joachim de protagonista y descubridor de sus propias claves especuladas.

 

La ópera prima de Lea Rapin pulula por encinas bizarras, toma de aliada a una quiromanciana para insuflar conjeturas, exhala más cuestiones entre los páramos y las luces de eclipse del contorno.

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