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Espejo retrovisor: El Festival de Cine Macabro se rinde ante Rendez-vous

septiembre 19, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes.-

En la reciente edición número del XIX Festival de Cine Macabro, la película mexicana Rendez-Vous (2019, guión y dirección de Pablo Olmos Arrayales) obtuvo una mención honorífica. La distinción es entendible por la forma narrativa en un solo plano-secuencia de cien minutos más la fotografía en blanco y negro, fluyendo del exterior al interior, de la tarde a la noche, con dos protagonistas, hombre y mujer, rotando de factible asesino serial, maniático, vengador.

 

El título alude a la cita donde se encontrarán en persona Lili (Helena Puig) y Eduardo (Antonio Alcantara), ella española, él mexicano, tras haberse relacionado en una página de Internet; y en más de un sentido es una alerta de las amenazas latentes en la red, lo cual se está tornando un subgénero cinematográfico sobrevolando el siglo XXI.

 

El punto de partida afuera del Museo de Culturas Populares en Coyoacán, le funciona al director para una lograda elipsis de la visita al recinto, en tanto la cámara se mueve lateralmente y los recibe. El trayecto hacia el departamento induciría a considerar un romance coloquial, con la pareja enarbolando sus fases afables, su mejor rostro, la simpatía supuesta en el cortejo. Aquí y al arribar con retraso Eduardo, se siembran detalles en los diálogos, menudencias a repercutir en el el intervalo de los esclarecimientos.

 

Por la calle la cámara los acompaña de frente, los escolta al lado, los sitúa a pocas cuadras; imbuye en la meta consabida de antemano. Unas escalas, como la vendedora de panecitos con hierba, sacuden el flirteo, para embarcarse al acceso al departamento, las cerraduras, el pasillo, se malician experiencias previas, con ella en proa y el asomo de las sospechas.

 

Las transitorias separaciones de los personajes operan para dar descanso a los actores y preludiar el suspense, donde el señalamiento de pervertido se flanquea a Eduardo. El reacomodo dentro del departamento es eficaz, de estar con él a la invitación a tomar la copa, a los preliminares con la inocente paloma aún con la caperuza, sin quitarse los guantes para dejar ver las garras.

 

La cámara en mano, reencuadres, ajustes, nutre la tensión, aguanta en el espacio cerrado, ir de la cocina a la sala, subir escaleras, mirar en contrapicada, la oscuridad y arreglos en ese cuarto. La pausa conveniente tramita la entrada de unos preparatorianos en parranda de fin de semana, persuade la probabilidad del homicida con facha de buen vecino, pero sus yerros y descuidos, al amarrar, al no cerrar la puerta, al correr a abrir, lo rectifican al área de principiante.

 

De propiedades en el guion vienen los intercambios de la camiseta de perverso; disponer al espectador en pro del desquite de Eduardo, o auspiciarla a ella fugazmente; las sospechas conducentes de los jóvenes ante el nerviosismo, el giro afianzado con un penúltimo vuelco comun en cintas donde los malosos tardan en rematar al bueno y en las reyertas acaban con el arma homicida en sus manos.

 

Es proverbial en películas construidas en uno o pocos planos secuencias la proeza del camarógrafo y sus asistentes, allanado en estas épocas gracias a la tecnología; y por fuerza la puesta en escena, la exactitud de cada movimiento, las actuaciones y el memorizar diálogos, superponerse a fallas menores, algún hueco argumental, inconsistencias o leves inverosimilitudes, sean de manejo de tiempo o de composición. Se pasan por alto ante la iniciativa de rodar sin ningún corte, para emular a cineastas clásicos o contemporáneos.

 

Antes de exhibirse en Macabro, Rendez-Vous había ganado la Calavera de oro en Mórbido 2019, y un premio principal en el Hollywood Blood Horror Film Festival.

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