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Espejo retrovisor: Circus of Books, tienda especializada en porno gay en LA

mayo 3, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes.-

El documental Circus of Books (2019), es un relato franco de la pareja dueña de una tienda especializada en porno gay en Los Ángeles, de sus tropiezos, el batallar para subsistir, la manera fortuita del trueque del nombre (Book Circus) y de cómo se engancharon en ese negocio, se fueron aplicando y enfocando en revistas y aditamentos en la materia; lo convirtieron en un lugar mítico para la comunidad gay, despejaron el camino en unos tiempos donde todavía numerosas personas escondían sus preferencias sexuales y eran perseguidos, encarcelados, amenazados.

 

Crónica de los últimos días de ese expendio, del adiós a ese paraje un tiempo vedado y en otros, testigo de disfrutes en su ático y rincones; donde primero celadamente y poco a poco sin trabas, se tenía a la mano las novedades en libros, folletos, películas, y flotaban los encuentros casuales.

 

Rachel Mason, directora del filme e hija mayor de Karen y Barry Mason, abona un retrato interiorizado de su clan, mentirillas y secretos silenciados, pequeñas vanaglorias paternas y maternas, reservadas. Por ello le cuesta menos inquirirles, tocar cuestiones un tanto peliagudas cuando pone frente a la cámara a hermanos y papas.

 

Se apoya con películas y fotografías del archivo familiar para inmiscuirnos en la saga, y por medio de entrevistas, a amigos ex empleados de la tienda, veteranos del ambiente quienes han acudido a la tienda desde sus comienzos, compone una crónica de avances y logros de la comunidad, de cuando la tienda reportaba ganancias y surgieron oportunidades adyacentes, como la venta y producción de videos.

 

Porque los esposos Mason progresaban en sus profesiones, Barry estudió en la UCLA, lo cual trae consigo imágenes de uno de sus compañeros de carrera, Jim Morrison. O de cuando trabajó en los efectos especiales de 2001. Odisea del espacio (1968) y de Viaje a las estrellas. Y viene a colación sus dotes inventivas para una máquina de diálisis.

 

Karen estudió periodismo, laboró de reportera en su natal Ohio, entrevistó a Larry Flint, con quien al tiempo les unirían transacciones y se meterían en un lío judicial como el dueño de la revista Hustler.

 

Además de recapitular ciclos y experiencias de y en el local de Circus of Books, en palabras de quienes anduvieron por ahí, compraban o ligaban, el documental traza vicisitudes de la comunidad, manifestaciones anteriores a Stonewall, la epidemia del SIDA, donde cayeron cantidad de conocidos y amigos, a quienes auxiliaron y dieron muestra de fidelidad hasta sus últimas horas; y la refriega lanzada contra la obscenidad por Ronald Reagan y sus adláteres.

 

Significativo detrás de la historia de los Mason y su tienda es cómo los hijos crecieron sin percatarse de las actividades de los papás, o la doble fachada de la mamá, judía practicante, apegada a la religión; y su amistad y cercanía con empleados gay, contraria a su reacción inicial al salir del closet uno de sus vástagos.

 

Algunas de las secuencias sensibles, fuertes, son cuando el hijo narra a cámara sus vivencias, el rostro acongojado de la hermana atrás de cámara, y una filmación existente de la cena en casa cuando él tuvo el valor de escribirlo en un papel. Y en similar contexto, cuando la hoy directora platica de sus años preparatorianos donde se evidenció sus tendencias sexuales con su grupo de condiscípulos.

 

Rachel Mason inserta en consonancia el material de archivo: la guapa mamá de joven, la pareja al casarse, él usualmente agradable, sensato; los tres hijos y ellos de paseo. Prescribe datos perspicaces: el callejón detrás del local, o al enterarse el giro del establecimiento familiar (creían era librería), o el muñeco con la efigie del actor porno.

 

Encuadra un panorama del auge de la grabación en video de porno gay, entrevista a unas de las estrellas de esos momentos; los papás hablan de cómo se adentraron en las producciones, la distribución, las ventas; los clientes compraban a raudales. Clava un contraste a la vista de los estantes en aquellos momentos y durante el rodaje, tres décadas de distancia; el golpe fatal del Internet para la pornografía y los comercios centrados en la temática.

 

Rueda la nostalgia en las palabras de quienes frecuentaban el lugar, y al observar a la señora Mason dispuesta a deshacerse de todo, con la salvedad de un bloque donado a una dependencia de la UCLA dedicada expresamente a esto, y la afirmación del custodio de ese archivo (“No tiro nada”). Cajas con mercancía antaño fácil de vender, hoy arrumbadas; publicaciones y videos pasados de moda. La librería vista desde afuera en el desfile activista PFLAG (Padres y amigos de Lesbianas y Gays, en su traducción), es vestigio suplementario.

 

Entre la programación comercial y algunas series triviales de Netflix, se estrenan filmes de ficción y documentales de buen nivel, como este Circus of Books.

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