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Espejo retrovisor: Charlie Monttana muestra su territorio en FICUNAM

marzo 16, 2020

Leopoldo Villarello Cervantes.-

El segundo largometraje del regiomontano Andrés Clariond Rangel, Territorio (2019) pone en la balanza situaciones acerca del machismo, la impotencia sexual, el deseo de tener un vástago, y al fondo la idea de atravesar, o no, la frontera norte con Estados Unidos.

 

Las problemáticas ruedan en la rutina y la existencia en apariencia feliz de una pareja treintañera, ‘Lupe’ (Paulina Gaitan) y ‘Manuel’ (José Pescina); ilusiones rotas por ser papás con todo y tener un buen empleo y la opción de abrir un negocio propio.

 

Entronca en el trastocamiento de un individuo en una familia, irse apoderando de intimidades; asumirse de cordero pobre y necesitado para sacar las garras y los instintos malévolos en cuanto es posible.

 

Postula dos tipos de esperanzas de quienes arriban a ciudades en la línea divisoria, unos se aclimatan y logran plantarse y aquellos en tránsito, de paso; la inminencia de desgajar la tranquilidad; la suplantación de una vida.

 

La inexperiencia y apacibilidad de Manuel dará un rudo golpe de timón con la aparición en su trabajo de ‘Rubén’ (Jorge A. Jiménez), al empezar a relacionarse con él. Clariond pone al indefenso ‘Manuel’ en angustias masculinas, le hace entregar todas las facilidades a su nuevo amigo; la reticencia de su esposa trucará a complacencia y exhumar sus estímulos sexuales.

 

Territorio se precipita a esfumar cada uno de los ensueños novicios de ‘Manuel’: con el médico, para rentar una accesoria: Su otrora tranquilo y habitual ir al trabajo, retornar a casa, rebota con su ácida sujeción de ‘Rubén’, donde al tomar el rol de patrón sucumbe al dominio, le abre más puertas; caerá en una curva descendente, con absurdos momentos de ganarse de nuevo a ‘Lupe’ (la serenata), la doliente imagen de él arrinconado, en tanto le abandonan.

 

Los tipos de los personajes contornean las diferencias, físicas y morales, el abusivo ‘Rubén’, el crédulo ‘Manuel’; la manera simple como le roban sus posesiones, patentada en la secuencia y la posición de cámara cuando este se esconde mientras su esposa y el intruso le son infieles sin reparos; su falta de fuerza para repelerlo. En tanto uno se infla, el otro se abate.

 

Soy Charlie Monttana (2016-2020), esfuerzo independiente de Ernesto Manuel Méndez Alvarado, da cuenta del devenir de este rockero ciudadano ilustre y honorario de NezaYork. Siguiéndolo con la cámara por largo tiempo, lo muestra en carne propia, en su hogar, con su hijo y esposa, o grabando su enésimo disco en el estudio donde lleva una decena de años afanándose.

 

Lo emplaza admirativo, cuando lo reconocen en calles céntricas, o al pedirle la ‘selfie’ de rigor; su conciencia del tipo de músico intuido; entrevistado sentado en su sala, decorada con carteles, fotos, pasajes de sus vivencias. Su vestuario inconfundible, el sombrero, sus pintados cabellos, sus zapatos.

 

Comprime actividades y conciertos de Monttana para mostrar extractos admisibles de su significado para segmentos de audiencia populares, quienes le aplauden y tararean sus melodías, le corean en escenarios pequeños, interiores, o ante multitudes acaloradas. Por encima de su estatura, su voz apremia; las letras de sus canciones, odas callejeras subidas a cimientos.

 

Entre el metraje editado asoman las reflexiones, el sentido anticonvencional nato, el flujo de sus composiciones o al rasguear la guitarra; los años de batallar, desde hace cuatro décadas, con logros, acorde al nivel, a la estirpe, lejos de las estrellas, cerca de los suelos suburbanos.

 

Cumplida inmersión y aproximación a un cantante sin tanta ínfula o aspavientos, a los preparativos y espacios ‘muertos’ con su banda, los recesos y recursos aprendidos; conversaciones con su niño, el plus aportado por éste a su edad; la quietud hogareña y el desborde en el escenario.

 

Documental más apto para sus fans, pero igual para conocerlo, en persona y pensamiento, en grabaciones y actitudes normales; construido para verlo en el día a día.

 

A entender un tanto de las razones por las cuales ha alcanzado su nicho, es infaltable en las tocadas semanales en las afueras de la metrópoli, reconocible en voz y letras, en nervio y acentos sonoros para cerrar estrofas.

 

Un documental y un filme de ficción, proyectados en la décima edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM), en la sección Ahora México.

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