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Despertando la montaña: Planeta de Humanos, Michael Moore y Jeff Gibbs

octubre 3, 2020

Cristóbal Torres | @Lanzaddt

Planet of Humans (2019) es un documental dirigido por Jeff Gibbs y realizado el año pasado. Habla sobre la inexistencia de una industria verdaderamente ecológica y cómo muchos de los productos e iniciativas que se anuncian como sustentables no lo son en realidad.

 

El trabajo pudo quedar enterrado como muchos otros, sin embargo, Michael Moore tuvo el colmillo no sólo de subirlo a YouTube sino de ponerle el epíteto de: “Michael Moore presenta…”, haciendo pensar que se trataba de un documental suyo.

 

El resultado es que, en apenas cinco meses de su publicación (se subió el 21 de abril de este año, víspera del Día de la Tierra que se celebra el 22 de abril), el documental se ha vuelto viral con 9.9 millones de visitas. Es un fenómeno muy interesante que nos habla del valor de marca aplicado en el medio audiovisual.

 

La relación entre Jeff Gibbs y Michael Moore es muy antaña, sólo que en esta ocasión los roles se invirtieron. Durante años Gibbs ha sido productor de Moore, participó en gran parte de su filmografía desde Bowling for Columbine (2002) hasta Fahrenheit 11/9 (2018). Planet of Humans es la primera incursión de Gibbs como director.

 

Se nota que aprendió muy bien de Moore. El documental posee un estilo sacado completamente del oriundo de Flint, Michigan. Usa una voz en off, toma una cámara y nutre su narración de testimonios y entrevistas que ponen en evidencia un problema central, todo sin necesidad de letárgicas contemplaciones ni innecesarias búsquedas audiovisuales.

 

Inicia presentándose como un entusiasta de las energías renovables y acude a eventos donde presentan automóviles supuestamente ecológicos, sin embargo, al entrevistar a los encargados del producto, se da cuenta que siguen funcionando a partir de combustibles fósiles.

 

Sorprende la sencillez con la que Gibbs logra arrancarles la verdad a sus entrevistados. Mientras anuncian una iniciativa verde ante las cámaras, o en las conferencias de prensa, en la entrevista banquetera de Gibbs dicen una cosa completamente contraria.

 

Lo mismo sucede en el concierto del Día de la Tierra, donde una enorme cantidad de personas escucha de parte de los organizadores que todo el equipo de sonido funciona a partir de paneles solares.

 

Sin embargo, cuando Gibbs va tras bambalinas a echar un vistazo, consigue hablar con el encargado de todo el montaje y le revela que tiene plantas de energía funcionando con combustible pues todos los paneles que colocaron sólo son una llamarada de petate.

 

Poco a poco Gibbs descubre que la industria verde y toda su retórica ha sido absorbida por la corporatocracia. No existe una verdadera iniciativa que sea verde sin que por la espalda esté utilizando combustibles fósiles.

 

Gran parte del documental lo centra en Al Gore, quien se convirtió en un raro oxímoron político-mediático del ambientalismo a raíz de su documental: Una verdad incómoda (2006, y su secuela: An Inconvenient Sequel: Truth to Power, 2017), quien con una mano predica ecología y con la otra realiza inversiones millonarias en energías fósiles.

 

Uno de los recursos que mejor le salieron a Gibbs fue la puesta en serie. Aprovecha la enorme posibilidad que tiene el cine de concatenar imágenes y las convierte en una verdadera arma. Por ejemplo, vemos a Al Gore en el poder legislativo justificando la explotación de los campos de caña en Brasil, asegurando que no afecta la vida de los indígenas de la región; acto seguido, vemos escenas de esos campos donde la gente pide a llantos y gritos que los dejen vivir su vida en paz.

 

Este método es una constante en el documental como una herramienta para poner en evidencia la mentira que existe en toda retórica empresarial que busca justificar la destrucción con un discurso ecológico, un fenómeno que (según identifica Riggs) se ha asentado en el ala empresarial de manera más cínica en los últimos años.

 

Pone también énfasis especial en el biocombustible, la última y más recién coartada de la industria para seguir destruyendo el planeta y al mismo tiempo decirse ecológicos. Concatena escenas de noticieros televisivos pintando el biocombustible como una alternativa sustentable para después mostrar escenas grabadas por él mismo en fábricas de biocombustible; señala la cantidad de árboles que mueren en su realización y la contaminación que genera en la comunidad.

 

Lo mejor es cuando, nuevamente usando técnicas de Moore, encara a los grandes líderes del movimiento ecológico-mediático en la calle, en desfiles multitudinarios a favor del medio ambiente, para preguntarles su postura sobre este tipo de prácticas y ninguno es capaz de lanzar una condena categórica; sólo una tuvo el arrojo de condenarlo.

 

Su conclusión es igual de desoladora que la de todos los documentales que afortunadamente abundan al respecto. Un efecto latente de esta obra es que nos abre los ojos ante el paso del tiempo y los nulos cambios reales que se han logrado desde entonces. Al menos señala con claridad a los responsables.

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