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Danza 305: Cascanueces en el Parque, un viaje a la inocencia y una aventura inolvidable

diciembre 22, 2020

Orlando Taquechel | Artburst Miami

El ballet Cascanueces es para muchos un sinónimo de la Navidad y el Miami City Ballet (MCB), bajo la dirección de Lourdes López, se encuentra presentando una inesperada y exitosa temporada en Downtown Doral Park, con una adaptación multimedia de la versión de George Balanchine que la compañía tiene en repertorio desde 1990.

 

Manteniendo intacta la ternura que caracteriza la entrega del clásico al ser interpretado por MCB, pero transformada en un festejo al aire libre para toda la familia y bajo medidas de seguridad que toman en consideración estos tiempos pandémicos, Cascanueces es disfrutado ahora por un público enmascarado distribuido en grupos socialmente distanciados con un máximo de 4 personas.

 

En la noche que reseñamos -la del jueves 17 de diciembre- hasta los bailarines en escena usaron máscaras. A partir del día siguiente, cuando se ofreció la función exclusiva para los socorristas y trabajadores esenciales dedicados a combatir COVID 19, comenzaron a actuar sin ellas.

 

Al estrenarse en Rusia en 1892, a Cascanueces le criticaron que tenía muchos niños en escena, pero es por los niños – y gracias a ellos – que este ballet de estilo clásico en dos actos mantiene su encanto.

 

Sin olvidar que a los padres les encanta ver a sus hijos en escena y que este título mantiene a flote a muchas escuelas y compañías de ballet, pero esa es otra historia.

 

El libreto original es de Ivan Vsevolozhsky y Marius Petipa, basado en la historia de E.T.A. Hoffmann El cascanueces y el rey ratón. Pyotr Ilyich Tchaikovsky escribió la música. Petipa y Lev Ivanov – sobre todo este último – se encargaron de la coreografía y Enrico Cecchetti fungió como asistente.  Todo lo anterior nos da una idea del talento comprometido en el proyecto.

 

La primera presentación completa fuera de Rusia tuvo lugar en Inglaterra en 1934 y el San Francisco Ballet realizó la primera producción norteamericana en 1944.  Diez años más tarde, Balanchine crearía la suya para el New York City Ballet. Hoy en día, Cascanueces es quizás el ballet más popular del mundo.

 

El reconocimiento a la música de Tchaikovsky precedió al ballet, tanto en Rusia como en Estados Unidos. En Rusia, gracias a una suite con 8 temas que se había estrenado con éxito unos meses antes y entre nosotros, por la inclusión de esa misma suite en la película Fantasía de Walt Disney, estrenada en 1940.

 

Hay otra conexión con Norteamérica menos conocida. Tchaikovsky escribió parte de la música de Cascanueces durante su primera y única gira por Estados Unidos para participar en la inauguración del Carnegie Hall en mayo de 1891.

 

Miami City Ballet estrenó el Cascanueces de Balanchine en noviembre de 1990 y en diciembre de 2017 lo actualizó con una nueva producción que incluyó vestuario de Isabel Toledo, escenografía de Rubén Toledo, luces de James Ingalls y proyecciones de video de Wendall K. Harrington.

 

La puesta en escena al aire libre que ahora nos ocupa está basada en esta última, pero enriquecida para la ocasión con nuevas animaciones digitales de Harrington e ilustraciones adicionales de Rubén Toledo.

 

El primer acto es básicamente una proyección de video en una pared LED que el público recibe y ovaciona como si fuera en vivo. El segundo acto es en vivo. Algunas cosas han sido sustituidas y otras parecen haber desparecido.

 

Sin faltarle a Balanchine, pero ajustándose a la necesidad de tener menos personas en escena y para darle mayor continuidad a la acción, se le ha agregado una secuencia en dibujos animados que ilustra el viaje de los pequeños protagonistas de la casa de los Stahlbaum a la Tierra de los Dulces, ahora localizada en las playas de Miami, frutas tropicales incluidas.

 

Los cambios pueden no complacer a los puristas, pero ni estos pueden cuestionar su eficacia comunicativa y Cascanueces en el Parque sigue ofreciendo las unidades coreográficas favoritas de todos: el vals de los copos de nieves, el de las flores, los “divertimentos” del segundo acto y el pas de deux del Hada del Azúcar y su caballero.

 

El evento como tal ha sido cuidadosamente concebido como una experiencia amable para artistas y público. Algo que se agradece con creces e incluye un hermoso cuadro final en el que todos los presentes en escena despiden a los protagonistas, provocando que el público estalle en aplausos.

 

Los deseos de agradar es algo que usted siente desde que llega al lugar y es recibido de manera extremadamente cordial por los acomodadores. Hasta el momento en que, al terminar la función, usted intuye que todo el mundo a su alrededor se dirige a la salida con una sonrisa de satisfacción dibujada bajo la máscara. Haber aprendido a reconocer la sonrisa en los ojos de otra persona en una de las pocas cosas buenas que nos va a dejar COVID-19.

 

Cascanueces en el Parque es, en realidad, un viaje de regreso a la inocencia para los adultos y una aventura inolvidable para los pequeños (“el día en que mis padres me llevaron al ballet en medio de la pandemia…”). Como afirmó alguna vez Jean-Jacques Rosseau, “lo que uno ama en la infancia queda para siempre en el corazón”.

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