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Angélica Aragón: cincuenta años de trayectoria

marzo 16, 2020

Por Luis Miguel Romero |Twitter: @LuisMiguelR01

El pasado 3 de marzo de 2020, la Asociación Mexicana de Cineastas Independientes honró la carrera de la actriz Angélica Aragón con un homenaje. La actriz mexicana celebra cinco décadas de una sólida carrera en el mundo del cine, el teatro y la televisión.

 

Angélica Aragón es una de las mejores y más importantes actrices que existen en México. Hija del célebre compositor y actor José Ángel Espinosa Ferrusquilla, Angélica trae el talento en las venas. Dicho talento, supo pulirlo de una manera minuciosa. Aunque Angélica debutó en el mundo del teatro a principios de la década de los 1970s, su consagración como una gran estrella del espectáculo nacional sucedió de manera un tanto tardía. Pero este se debe a que, antes de brincar a la fama, Angélica tuvo una rigurosa formación como actriz en Reino Unido.

 

Fue alumna de la London Academy of Music and Dramatic Arts (LAMDA), de la Escuela de Danza Contemporánea de Londres y de la misma Universidad de Londres, además de acercarse a los métodos y disciplinas artísticas y filosóficas de la India. Cuando Angélica volvió a México a fines de los años setenta, los hizo cargada con un enorme caudal de conocimiento en las artes escénicas.

 

Angélica se consagra en la televisión mexicana. Es pilar indispensable de esa época dorada que vivieron los melodramas mexicanos en las décadas del 80 y 90. Si a algo nos acostumbró Angélica, es a su interpretación de heroínas diferentes, de fuerte carácter, personajes complejos que la alejaron de la línea de figuras como Castro, Méndez o Ruffo.

 

Su primer y más sonado éxito lo obtuvo en la telenovela Vivir un poco (1985), telenovela producida por Valentín Pimstein, productor que fungió como una especie de mecenas para Angélica en esta etapa de su carrera. Aunque esta historia se ha repetido en varias ocasiones en el mismo formato del melodrama, la interpretación de Angélica sigue siendo insuperable e inmune al paso del tiempo.

 

A partir de Vivir un poco, Angélica marcó una línea y aceptó estelarizar novelas que implicaran un reto actoral. Así, fue la heroína de una historia de tintes fantásticos y sobrenaturales en La casa al final de la calle (1989), una pintora enferma de lupus y víctima de abuso sexual en Días sin luna (1990), o una indígena zapoteca que enfrenta el desprecio y racismo de su propia hija en De frente al sol (1992).

 

Pero sin duda, su personaje más memorable fue el de ‘María Inés Domínguez’, una mujer madura que descubre el amor y el interés a la vida en la figura de un hombre más joven en el melodrama Mirada de mujer (1997), mismo que marca un antes y un después en su carrera y también en el curso de la telenovela en México. No es de extrañarse que, la pobreza de argumentos que ahora invaden al género televisivo, haya influido en el largo ‘divorcio’ que Angélica mantiene con el melodrama desde hace casi una década.

 

El cine ha sido otro espacio donde Aragón ha dejado una firme huella. Sus inicios en el Séptimo Arte sucedieron en Hollywood, industria con la que Angélica ha sostenido una relación cercana. La actriz ha sido ganadora de tres premios Ariel y nominada a los mismos en casi una decena de ocasiones.

 

Es una de las actrices mexicanas más reconocida por la Academia de cine mexicano. De sus personajes fílmicos más recordados en México destacan los interpretados en las cintas Novia que te vea (1994), Cilantro y perejil (1997), Crónica de un desayuno (2000) o El crimen del padre Amaro (2002). De su ‘romance’ con Hollywood, sobresale su participación en Dune (1984), A Walk in the Clouds (1995) o Bella (2005). Ha trabajado con cineastas como Felipe Cazals, Alfonso Aráu, Jorge Fons, Guita Schyfter, Antonio Serrano, Benjamín Cann, Carlos Carreras, Manolo Caro y muchos más.

 

El teatro significa un punto y aparte en la carrera de Angélica. Comenzó en teatro universitario y fue parte de la generación que se fogueó con Alejandro Jodorowsky en su paso por México.

 

De sus trabajos teatrales más significativos destacan El día que pisamos la luna (1981), montaje de corte lésbico, bajo la batuta de Nancy Cárdenas; El Águila Real (1992), magnífica interpretación que realizó del personaje histórico de Isabel Moctezuma, y Poker de Reinas (1994), espectáculo teatral-musical que encabezó junto a Ofelia Medina, Betsy Pecanins y Margie Bermejo. Pero sin duda, su trabajo escénico más destacado ha sido en Kesho (1997), una magnífica y muy particular interpretación de Angélica sobre el mundo del teatro Kabuki japonés, una propuesta auténtica muy novedosa en México. Esto, solo por mencionar un poco de los muchos montajes en los que Angélica ha participado.

 

No podemos dejar de lado su labor como activista. Desde hace muchos Angélica ha estado presente para alzar la voz en pro de los derechos de la mujer, las cuestiones indígenas y el fomento a la lectura y la cultura general.

 

Hace falta, mucha falta Angélica en proyectos masivos en México. Es difícil que una actriz pueda ocupar un lugar como el de Angélica e interpretar personajes tan insuflados de calidad, dignidad y señorío de los que Angélica Aragón es una personificación misma.

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